Sonrisas de Salahonda

Testimonio de Mónica Peral, cooperante en la Comunidad de La Playa, en Salahonda (Colombia).

Septiembre 2014 | Mónica Peral (Barcelona, España) | Experiencias

Cuarenta y ocho horas sin dormir, tres aviones, una lancha y una moto. Eso fue lo necesario para llegar desde Barcelona hasta la Comunidad de La Playa, en Salahonda, un pueblo afrocolombiano situado en la costa pacífica de Colombia, muy cerca de la frontera con Ecuador.

Creo que siempre recordaré el trayecto en lancha desde Tumaco hasta Salahonda. Una barca no demasiado grande repleta de gente, maletas y bolsas llenas de compras iba a llevarnos pegando brincos por el pacífico hasta el pueblo. Tenía la impresión que la embarcación se iba a partir en dos de un momento a otro. Tuve que preguntar a la hermana Lucero si los que iban con nosotras en la embarcación hablaban español, el acento era tan fuerte que no entendía nada de lo que decían. Me miraban, les miraba, me sonreían, les devolvía la sonrisa tímidamente.

Al llegar, una persona del lugar me ayudó a salir de la lancha y me informaron de que se iban a llevar mi maleta en moto y después vendrían por nosotras. Fue mi primer contacto con la población. Los chicos de las motos me hablaban, pero no les entendía demasiado por su marcado acento y mi cansancio acumulado, así que fui respondiendo por instinto y parece que acerté con las respuestas. No había coches porque no hay carreteras que comuniquen la isla con el exterior, aun así fuimos esquivando perros, niños y baches hasta llegar a La Comunidad. Allí nos esperaban muy sonrientes las hermanas Gilberthe y Claudine, ambas del Congo. Por fin había llegado, ahora sí que empezaba de verdad mi misión.

Trabajé como profesora de inglés con chicos de 9º, 10º y 11º (lo equivalente a 1º y 2º de Bachillerato en España). Tuve alumnos de 12 hasta los 24 años. Mayores, sí, pero con muchas ganas de aprender y luchar por un futuro. Muchos de ellos tienen el sueño de ir a la Universidad, de salir del pueblo y ver mundo. Trabajan y estudian para poder ayudar a sus familias y además ahorrar para poder estudiar lo que ellos quieren. Sus sueños muchas veces se ven truncados porque no logran obtener los medios económicos necesarios para poder hacerlo y dejan los estudios para ponerse a trabajar.

También tuve el privilegio de dar clases de inglés a los profesores de la escuela. Utilicé técnicas que podían utilizar en clase para hacer las sesiones más llamativas, dinámicas, divertidas y didácticas. No están preparados para dar clase en inglés y por ello el nivel que tienen los alumnos es realmente bajo.

Con los alumnos tenía muy buena relación. Por las mañanas era la profesora, pero por las tardes, siempre que no tuviera clase, venían a buscarme para compartir momentos juntos. Me invitaron a merendar ceviche, a sus cumpleaños, a ir a la hermosa playa de Salahonda, me contaron sus inquietudes y sueños. Me preguntaban por qué no iba a África a ayudar, que ellos en Salahonda no son pobres. No tienen agua potable, se asean y cocinan con agua de la lluvia, la electricidad va y viene, únicamente pueden salir de la isla si el mar está bien, pero a pesar de todas estas adversidades no se consideran pobres. Eso me sorprendió, asocian la pobreza con la falta de alimentación. Ellos viven de la pesca y la agricultura, por lo tanto comida no les falta y son felices.

No tienen teléfonos de última generación, no saben lo que es una consola o las princesas Disney. Allí los niños están fuertes, corren descalzos, nadan, juegan en canoas, suben a los árboles, y no lloran. Trabajan para poder estudiar en la Universidad en un futuro. Los niños de Europa saben utilizar los Smartphone desde bebés, tienen varias consolas, se saben todos los dibujos animados de memoria y lloran, porque quieren más y más y no son felices. Además muchos alardean de cuántas asignaturas han suspendido este curso. Por lo tanto ¿quiénes realmente son los pobres? Ellos no disponen de cosas materiales, pero son más ricos en felicidad y en valores. Me hicieron pensar muchísimo.

La vida en Comunidad fue muy especial para mí. Las hermanas me hicieron sentir como una más. Fuimos una familia que compartía las tareas propias del hogar y charlas y experiencias a la hora del almuerzo. Estaré eternamente agradecida por todo lo que me hicieron sentir y por todo lo que me enseñaron. Participamos en festividades y reuniones del pueblo, como procesiones, velorios y paseos. Además en el tiempo que estuve pude disfrutar de la Jornada de Convivencia que hace la escuela dos veces al año en la playa de Cascajal con los alumnos de los equipos de fútbol y las bandas.

Durante este tiempo fui grabando un documental, lo que despertó la curiosidad de muchos. Entre ellos la de los bomberos y protección civil que me pidieron una entrevista para comentarme las necesidades que tienen y los peligros de la población en caso de catástrofe. Son bomberos voluntarios, atienden las urgencias sin el material básico adecuado (no disponen de mangueras ni traje de protección). Son auténticos héroes que sin recibir nada a cambio arriesgan su vida para la protección del pueblo. Aun así me comentaron la necesidad de tener un puente como vía de escape para salir de la isla, ya que si algo grave pasara quedarían atrapados entre el océano y un río.

Solo tengo palabras de agradecimiento para todas las personas que hacen que la Comunidad de La Playa sea posible, porque gracias a ellas hay esperanza de futuro en un pequeño pueblo llamado Salahonda, en la isla de Franscisco Pizarro. He aprendido tanto de su gente que desde el día en que mi cuerpo llegó a Barcelona solo pienso en ellos. Sí, he escrito mi cuerpo porque mi cabeza y mi corazón se quedaron allí. GRACIAS.
 

Mónica Peral: nacida en Barcelona, es diplomada en Magisterio de Educación Física por la Universidad de Barcelona y en Turismo por la ESMA de Barcelona. También tiene un master en Dirección de Comunicación, Protocolo y Relaciones Públicas por la ESRP de Barcelona. Actualmente trabaja en el colegio Lestonnac de Barcelona.


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1 Comentarios

liliana franco dice:
Mónica: Gracias por compartir tu experiencia y por entregar tu corazón en esta tierra. A todos los que se sientan llamados a dar un poco de sí en nuestro pacifico: bienvenidos.

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