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Las Misioneras Claretianas y la Compañía de María

Es para nosotras de veras un regalo muy grande el que recibimos casi en la víspera de la Navidad.

Enero 2015 | Jolanta Kafka | Experiencias

Las Misioneras Claretianas hemos sido bendecidas por el Crucifijo de la Casa de la Compañía de María de Tarragona que la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora con grande generosidad nos ha donado.

Ante este Crucifijo, que estaba en el coro alto de la Capilla, en los años de su formación religiosa en la comunidad, desde 1841 hasta 1850, María Antonia París i Riera pasaba largas horas y noches de oración y a sus pies tuvo la experiencia fundante de nuestro carisma, luego compartido y enriquecido con San Antonio María Claret. En junio de 2013, al celebrarse el bicentenario del nacimiento de la Fundadora tuvimos la oportunidad de investigar de nuevo en la historia de nuestros orígenes; con la grande acogida de las hermanas de la comunidad de la Casa de la Enseñanza de Tarragona, especialmente de Josefa Sintes y Marisol Diloy, pudimos no sólo volver a mirar algunos documentos sino también contemplar este Crucifijo. Le llamamos el Crucifijo de la ‘visión inicial’. Como deseo quedó resonando en muchas el anhelo de que pudiera estar en la Congregación, lo que movió a nuestra Superiora General Ma Soledad Galerón, al cabo de algunos meses, a escribir a Beatriz Acosta, Superiora General de la Compañía de María.

El 21 de diciembre de 2014, en una solemne y emotiva celebración, la Delegada de la Superiora Provincial de la Compañía de María, Hermana María Isabel Rivas, en representación de la Superiora Provincial de España, Mariña Ríos, presentaba el documento de donación, firmado a continuación por María Soledad Galerón, Superiora General y recibiendo así el Crucifijo. Varias hermanas de la Compañía y Claretianas estuvieron presentes. Josefa Sintes, superiora de la comunidad de Tarragona, ha compartido cómo la llamada de Santa Juana de Lestonnac de ir a predicar a todo el mundo se extiende en otras personas que han bebido en sus comienzos de la misma fuente y luego partieron, como Antonia París, a fundar una nueva Congregación obedientes a la inspiración de Dios.

Después de compartir fraternamente la merienda con la comunidad de la Compañía de María, las Claretianas partieron hacia Reus para colocar el Crucifijo en la cripta de la Capilla grande, cerca de la tumba de la Madre Fundadora, donde en la oración, cada una podrá revivir y renovar aquella inspiración carismática que compartimos por vocación.

Nuestra gratitud por siempre a la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora, a la Provincia de España que nos ha beneficiado con tan hermoso regalo, desprendiéndose, sin duda, de un significativo testigo de su historia. Ha sido un gesto de solidaridad de hermanas. Resonaba de fondo, como ha dicho María Isabel Rivas aquella “noche del Cister” cuando Juana también dejó algo para ir al encuentro de lo nuevo. ¡Caminos de Dios!
 

Jolanta Kafka: Misionera Claretiana. Prefecta de formación.


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