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En las vías de una esperanza incierta

Se calcula que más de 80.000 personas suben cada año a lomos de La Bestia, el tren que miles de migrantes toman cada año para huir de la pobreza en Centroamérica y llegar a Estados Unidos.

Mayo 2014 | Cristina Sanz, odn (México) | Experiencias

Por las vías de los trenes, a lo largo de nuestro mundo, transitan momentos de muchas vidas, retazos de encuentros y angustias de despedidas, historias de viajeros, turistas o peregrinos…
Por las vías se trasladan productos para el mercado, el comercio: riqueza casi siempre desigualmente repartida. Por las vías…

En Bojay, Estado de Hidalgo, México, cada día sin hora precisa, para hacer maniobras, un tren de mercancías aminora la velocidad al llegar a un puente en el que muchas personas, centroamericanos en su gran mayoría, aguardan con la esperanza de lograr subirse. Necesitan recorrer otro tramo de un largo y doloroso trayecto. Unos piensan que ese tren les acercará a la posibilidad de encontrar un trabajo para sostener, desde la distancia, a su familia. Otros tienen que alcanzarlo porque es urgente el deseo de encontrarse con los hijos, los padres, o hermanos que ya están, casi siempre ilegales, en ese otro lado al que intentan llegar.

Estas vías son testigos de sueños gestados en el dolor de la pobreza y la exclusión. Sueños de una vida mejor, que muy pocos alcanzarán. Sueños que quedarán, para muchos, definitivamente rotos o mutilados, porque el cansancio, la enfermedad, las caídas al subirse en marcha o saltar cuando aparece “la migra” o las bandas, transforman en muerte la necesidad de vida que les hizo ponerse en camino.

Estos railes transportan una sufrida carga humana de la que somos responsables y por la que un día nos preguntarán... nos dirán: “Estuve en las vías y…”

También, cada día, acuden a este puente personas que con su entrega y gestos solidarios nos ayudan a seguir creyendo que esta realidad deshumanizadora puede cambiar. Gentes y grupos que generosamente ofrecen alimentos, un espacio de descanso, de escucha y aliento, que permiten a los migrantes, como muchos de ellos expresan, “sentirse gente”.

Sólo he pasado una mañana en las vías de Bojay.

He escuchado con asombro el relato de una increíble mujer que, a sus 70 años, quiere subirse al tren porque necesita ver a sus hijas; van con ella a tres nietos: dos niños pequeños y una adolescente embarazada. Llevan quince días, en otras y en estas vías, desde que salieron de su país.

No alcanzo a descifrar lo que ocultan las miradas hondas y tristes de jóvenes y hombres agotados. Ni a comprender lo que querrán decir tantos silencios.

Me pregunto cómo cabe todo lo que se tiene en una rota mochila o qué guarda un hatillo, único equipaje.

Y me pregunto también qué fuerza interna es capaz de arrancar, en medio de esta realidad, una sonrisa…

Sólo una mañana. Volveré. No sé qué puedo hacer por ellos… sé lo que ellos ya hacen por mí.

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Cristina Sanz, odn: nació en Olite (Navarra). Licenciada en Filología Hispánica, lleva 16 años en Latinoamérica y actualmente es la Superiora Provincial de México y la Presidenta de la Asociación Redes de Solidaridad Nicaragua.


 

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