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El Salvador… tierra de profetas, tierra de mártires

Celebración del XXV aniversario de los mártires de la UCA de El Salvador.

Marzo 2015 | María de la Luz Ciénega, odn (Ciudad Sandino, Nicaragua) | Experiencias

He tenido la oportunidad de participar, del 14 al 16 de noviembre de 2014, en la celebración del XXV aniversario de los mártires de la UCA de El Salvador, acompañando a un grupo de jóvenes  de la pastoral de la Universidad (UCA-Nicaragua). Íbamos como delegación de nuestra universidad de Nicaragua (UCA). 

En los días previos al acto, me sentía realmente emocionada. Conocer y visitar el lugar de los tan escuchados mártires, estas personas que han sido testigos y ejemplo de vida, lucha, compromiso y entrega, me llenaba de alegría. El lema de la conmemoración “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos“ (Jn. 15, 13), me resonaba con fuerza.

Comenzó la celebración con una eucaristía. Los  cantos de la misa salvadoreña  me hicieron sentir unida a la tierra de donde llegaba y me dispusieron para vivir con profundidad y sentido cada actividad. 

Una de ellas fue la realización de las tradicionales alfombras, esta vez fueron de sal. Cada país, proyecto, grupo, elaboró una alfombra alusiva a lo que celebrábamos. La avenida de la Universidad se llenó de colorido y extraordinarias obras de arte.

Otra de las actividades fue una procesión por la noche “los farolitos”. Todos llevamos velas encendidas y pancartas y fotos sobre personas que han sufrido alguna injusticia  para unirnos a ellas. Caminamos por encima de las alfombras elaboradas durante la mañana. Fue aquí donde me percaté de la multitud de gente que éramos, tantos y de tan diferentes lugares. No me imaginaba que la celebración tuviera tanto alcance, que cruzara fronteras… Me preguntaba ¿qué hará venir a toda esta gente ? Al llegar frente a la alfombra que decía AYOTZINAPA SOMOS TODOS encontré la respuesta: la masacre de seis jesuitas y dos mujeres, sin esclarecerse aún, unía e identificaba a tanta gente que, desde su realidad, vive cada día acontecimientos como este que quedan impunes.

Experimentaba la energía de la gente y el deseo de luchar por un mundo más justo y me dejaba contagiar por estos sentimientos. La conmemoración era un acto que nos llenaba de fuerza y valentía para comprometernos en la construcción de un mundo más humano y más justo.

Me impresionó y conmocionó,  en la  visita a la Sala de los Mártires,  ver  la ropa que utilizaban en la noche de la masacre, las fotos de algunas religiosas y otras personas asesinadas en El Salvador como  Monseñor Romero… Mirarlas me trasladaba a los hechos  y me llenaba de dolor e impotencia. A la vez me hizo tomar conciencia de lo que es y significa la fuerza del evangelio, que impulsa a gritar y a denunciar las injusticias; que mueve a mirar el dolor del pueblo, de nuestra gente y nos sensibiliza para acogerlo y comprometernos con ellos. Es en esto que el lema se hace vida: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos“.

En la eucaristía celebrada en la Catedral, donde permanecen los restos de Monseñor Romero, se palpaba que la gente sencilla lo considera ya un Santo.  La fe, la confianza, el agradecimiento de muchas personas de todas las edades se reflejaba en multitud de gestos al pasar por su tumba. 

Este viaje me ha permitido también tener una perspectiva diferente de El Salvador. Al igual que muchos países está marcado por la violencia y es considerado como uno de los más peligrosos de Centroamérica.  Esto es una realidad, pero también  lo es que allí vive mucha gente que trabaja y lucha cada día por lograr una vida digna. Los mártires creyeron en esta gente y en la posibilidad de cambiar los sistemas injustos y crueles a través de la denuncia. Por este motivo murieron.

Ser parte de esta conmemoración no ha pasado por mi vida como una casualidad, ha sido un gran regalo que me ha permitido encontrarme con la vida que despertaron y siguen despertando los mártires, estos hombres y mujeres en muchas personas y  lugares.

Al volver a Nicaragua, experimentaba que la muerte no fue el final, que la vida trasciende la muerte y nos lleva a la Resurrección,  que a su vez nos mueve a proclamar la vida y nos hace luchar por ella. 

Agradezco al Señor, al Centro Pastoral Universitario y a la Provincia de México la posibilidad de haber vivido esta experiencia, que me ha llenado de ánimo y me impulsa  a seguir apostando  por la dignidad  de la persona desde mi opción de vida.
 

María de la Luz Ciénega, odn: juniora mexicana de la Orden de la Compañía de María NS. Estudia Filosofía y Humanidades en la UCA. Vive en Ciudad Sandino, Nicaragua.


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3 Comentarios

Rocío Hernández dice:
Hermanita, no había entrado por aquí hace un tiempo y ver tu compartir fue muy rico después de lo que compartimos en Valle, gracias por esta experiencia que nos permite ver una realidad distinta pero semejante en todos los pueblos... Ánimo y seguimos unidas en la oración.
María de los Ángeles dice:
Lucy me alegra mucho que hayas tenido esta experiencia y lo que deja de huella en tu corazón. Que las mociones que Dios te regala se hagan vida en lo cotidiano de tu vida. Dios te conceda serle siempre fiel.
Josefina dice:
Muy bien Lucy, qué bonita experiencia para ti, qué bueno que la compartas y así podamos alegrarnos contigo y volver a experimentar el dolor por los que asesinan a causa de su lucha por un mundo más justo. Sigue adelante con ilusión a Jesús en Compañía de María.

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