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Camino, vivencias, agradecimientos, desde la Residencia Monferrant

Celebración de la Fiesta de Clausura de la Residencia Monferrant de Valladolid, España.

Mayo 2015 | Alicia Antoñanzas Lázaro, odn (Valladolid, España) | Experiencias

El tiempo pasa rápido y casi sin darnos cuenta, en estos momentos de parada y reflexión constatamos que la vida nos ha regalado muchas cosas: experiencias nuevas y diversas, buenos y malos ratos, pero sobre todo muchas compañeras de camino que hacen nuestra vida y estancia fuera de nuestras familias, más fácil y agradable.

La Residencia, a través de su equipo (comunidad y personal) intenta acompañar el proceso de estas jóvenes mujeres, futuras profesionales, desde las actitudes, valores, pedagogía, dinamismos y principios de nuestro Proyecto educativo-evangelizador.

Esto nos exige mucha apertura, disponibilidad, flexibilidad, capacidad de escucha y empatía. Nos hace cuidar siempre la mirada a las jóvenes para que sea positiva, nuestro ser, hacer y decir coherente; las relaciones para que sean entrañables, cercanas y a la vez firmes de manera que los límites queden claros.

Nunca perdemos el entusiasmo y la esperanza, nunca desistimos en el intento de enseñarles a tener una mirada crítica a la realidad, a unir fe, cultura, vida, justicia y solidaridad.

Nunca cejamos en el intento de abrirles a la trascendencia e inculcarles el sentido de responsabilidad en su proceso de maduración y formación personal para que un día, vivan su profesión como servicio.
Fácil, ¿quién dijo que tenía que serlo? Pero vivir nuestro carisma nos impulsa a “decir” con la vida, más que con palabras, lo que a nosotras nos llena de sentido y a transmitir, a tiempo y a destiempo “las muchas y buenas noticias” que inundan nuestro mundo y si puede ser con la creatividad que el mundo de la juventud nos pide hoy, mucho mejor.
Nuestra misión cobra sentido por ellas, para ellas y sobre todo “con ellas”, aunque el camino no sea de rosas.

En la Eucaristía de acción de gracias de final de curso despedimos a las jóvenes que acaban sus carreras o a las que llevan con nosotras al menos tres años, con unas sencillas pero entrañables palabras y algunos símbolos llenos de contenido. Al acabar ellas dedican también unas palabras a la Residencia.

Esto es lo que les decimos de todo corazón:
Es tradición de nuestra Residencia, entregar un pequeño regalo que signifique y recuerde en el futuro, algo de lo mucho que quisiéramos deciros en este momento.
Todas, vamos haciendo historia y algún día, no muy lejano contemplaréis esta historia con toda la densidad del afecto vivido y compartido y podréis contarla y rememorarla con gran cariño.
El Monfe es mucho más que un edificio, es vuestra casa y aquí está también vuestra familia.
En vuestro navegar por distintos mares y puertos, os seguiréis cruzando con muchas personas y nosotras esperamos que siempre llevéis en el corazón estos años de la Residencia y la huella que hemos intentado dejaros.
Santa Juana, nuestra fundadora, os mira hoy con cariño y os dice:

“No dejéis apagar la llama de la fe que Dios ha puesto en vuestro corazón, encended con ella a otros. Tended siempre la mano a los demás, sobre todo a aquellos que más lo necesiten, y procurad llenar vuestro nombre, que todo lo que hagáis allí donde estéis, exprese la riqueza y el amor que hay en cada una de vosotras.”

Por eso os hacemos regalo de esta placa con vuestro nombre y el nuestro, que ya van juntos en el corazón de ambas. Este detalle simboliza que, para siempre, somos de la misma familia.

Os entregamos también el escudo de la Compañía de María, símbolo de nuestra identidad que se prolonga en vosotras.

Y con nuestra bendición, os queremos seguir acompañando en vuestro caminar, deseando que se haga verdad en cada una.

Y este año, Lucía, María, Elena, Marta y Cova nos regalaron estas bonitas palabras:

Dicen que despedirse es uno de los momentos más difíciles por los que pueden pasar las personas, unos lo evitan, otros lloran al hacerle frente. También dicen que el que está acostumbrado a viajar sabe que siempre es necesario partir. Creemos que casi todos los que estamos hoy aquí podemos comprender esto muy bien. Lejos de nuestras casas, múltiples veces viajamos a ellas sabiendo que siempre hay que marcharse otra vez. Cuántas veces hemos visto tristes adioses en las estaciones cuando un tren parte…

Hoy el tren que arranca es diferente; se trata del mismo que llegó, hace ya tres años, desde Santander, Salamanca, Burgos y Oviedo, a esta estación: el Monfe. Ha sido la primera parada, larga y cargada de experiencias, necesaria en el viaje de perseguir el ambicioso sueño de ser médico o arquitecto.

Es el momento de agradecer a todas las personas que han hecho posible que nuestro tren pudiese llegar a Valladolid.

En primer lugar, no podemos olvidar acordarnos de nuestras familias, que aunque hoy no estén aquí, son los que han apostado y apoyado este viaje desde el momento de la compra de los billetes, sólo de ida.
Por supuesto, debemos hacer una mención especial a todos los miembros de esta casa, empezando por la Comunidad. Hoy nos dirigimos a vosotras, Alicia, Marisa, Ana, Lola, MªJesús y Pilar, teniendo presente a las demás monjas que otros años nos han acompañado, para daros las gracias por el trato y el cariño que nos habéis dado día a día, haciéndonos sentir como en casa.

Nos habéis apoyado en todos los momentos que hemos pasado, unos buenos y otros no tanto, siendo a veces el revisor de nuestro tren, pero siempre con una sonrisa atenta. Gracias a vosotras, con el espíritu de Santa Juana de Lestonnac, hemos podido cargar nuestro maletero, un poquito más, con un equipaje que nos acompañará siempre y al que echaremos mano más de una vez a lo largo de nuestra vida. ¡Muchas gracias!

También, el personal del Monfe tiene un hueco especial hoy; Juani, Mila, Isa, Teresa, Marian, Amparo, Noelia y Tere, sin vosotras estos años no hubiesen sido posibles; gracias, de verdad, por vuestro gran trabajo y dedicación. Echaremos de menos llegar a casa y escuchar un “¡vale hija!” acompañado siempre de una gran sonrisa, las espectaculares comidas y cenas e incluso los gritos de Mila en el office…

Para terminar, recordando a muchas que hoy ya no están con nosotras, nos dirigimos a vosotras, novatas, compañeras y amigas. Por supuesto habéis sido una pieza fundamental en esta parada, gracias por estos años aquí en el Monfe; juntas hemos hecho posible ser una gran familia, gracias por haber aportado vuestro granito de arena para hacer esto posible.

Hoy cogéis el relevo que os dejamos y por ello os queremos decir que no desaprovechéis la oportunidad que estáis viviendo, no dejéis que esto se convierta en una simple parada, dejad que a vuestros vagones suba cada persona de esta gran casa y deje huella; porque estamos seguras de que, como nosotras, no os arrepentiréis.

Hoy, sabemos que nuestros trenes parten de nuevo, dispuestos con ganas a seguir este gran viaje, comienza una nueva etapa. Se van cargados de personas, momentos, experiencias… diciendo no un adiós, sino un hasta luego.

¡Muchas gracias y hasta siempre!
 

Alicia Antoñanzas Lázaro, odn: religiosa de la Compañía de María. Licenciada en Ciencias Religiosas. Pastoralista por vocación. Directora de la Residencia Universitaria Monferrant (Valladolid).


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