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Padre Alberto Ramírez Zuluaga

Un teólogo que hacía fácil lo difícil, que ponía al alcance de todos la teología.

Mayo 2015 | Liliana Franco, odn (Colombia) | Otras áreas

La primera vez que vi a Albertico, yo tenía 18 años. Las hermanas que me acompañaban me dijeron: él, es uno de los mejores teólogos y biblistas de las Américas. Yo me sorprendí ante semejante afirmación y sólo con el paso de los años comprendí lo que eso significaba.

Esa vez, hace 25 años, Albertico nos iba a conducir por los caminos del Principito…Ese libro que tanto amaba y que hoy, con la luz que da la muerte, descubro que lo representaba con tanta perfección.

Por eso, mi manera de hacer el duelo o de agradecer la vida, ha sido retomar el Principito y a la luz de quien escribió para los pequeños releer la vida de Albertico y nuestra relación con él.

Quiero traer a la memoria, algunas frases del libro y a partir de ellas saborear la vida de Albertico.

UN HOMBRE PARA LA TRASCENDENCIA:
Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer…

…Un místico…Un hombre para las cosas de Dios…Un ser desvelado por lo insondable y desvivido por lo tangible. Capaz de las más profundas disertaciones teológicas, en los más exclusivos claustros del saber y dispuesto siempre para el coloquio fraterno, en los lugares más sencillos e insospechados.

Algunos domingos, después de celebrar la Eucaristía me escapé con él a la casa de Albita, una buena mujer que nos ayuda en los servicios generales en el Colegio. Allí saboreábamos el cariño de Albita, hecho comida caliente y preparada con mucho amor. Allí él, derrochaba bondad y hacia tan fáciles las cosas del Padre, tan cercano el Rostro de Dios, tan evidente el amor hasta el extremo, que da la vida y se encarna.

En sus homilías, en palabras extraídas del Libro El Principito: “Cada día yo aprendía algo nuevo sobre el planeta, sobre la partida y sobre el viaje”. Nunca hubo alusión al texto, sin alusión al contexto. Aunque era evidente la sapiencia, siempre el protagonista fue Espíritu.

A él le escuché decir que ante el misterio sólo son posibles dos actitudes: presencia y silencio…Pero, él nos enseñó que también son posibles obediencia, disponibilidad, docilidad, apertura.

Albertico se dejó llevar. En la historia de su vida, como en toda historia humana, hubo momentos complejos, encrucijadas, también lo salpicó el sufrimiento, el dolor, la enfermedad… Pero siempre lo vimos situarse desde la fe…Con plena confianza en Dios. Yo tuve siempre la sensación de que la ESPERANZA era la norma de su vida.

En un artículo que escribió hace poco para ayudarnos en la preparación de nuestro Capítulo decía:
La alegría para recibir el evangelio y para comunicarlo tiene como fundamento la esperanza. Quien experimenta en su corazón la alegría del evangelio no puede tener, frente al futuro, una actitud diferente a la de la confianza. Es algo que tiene fundamentos teologales: es cierto que el Dios en quien creemos es el de siempre, el de todos los tiempos y por lo tanto también el de los tiempos ya cumplidos; pero también lo es que, según la revelación de Jesús, nuestro Dios es en definitiva el Dios del futuro, que está siempre por venir”.

Y a ese Dios le dedicó la existencia… al anuncio de su Palabra, a la configuración con su Proyecto, a la asimilación de sus valores.

(...)

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Liliana Franco, odn: religiosa de la Compañía de María. Colombiana. Superiora Provincial de la Provincia del Pacífico. Licenciada en Trabajo Social. Máster en Teología.

 

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