El cuidado de la salud materna desde una conciencia cristiana

Del 31 de agosto al 4 de septiembre, la sección de Ginecólogos de la Federación Internacional de Médicos Católicos celebró su reunión bienal en el Vaticano.

Noviembre 2015 | Mª Pilar Núñez-Cubero, odn (Barcelona, Espanya) | Otras áreas

Las premisas de este cuidado piden COMPETENCIA profesional; CONVICCION de que la ética cristiana puede guiar las decisiones en beneficio de sus agentes; consideración y aprecio de las diferencias según la COMUNIDAD local y la necesidad de COMPASION.

Se me encargó dentro de la segunda premisa una ponencia sobre “Utilizing our Profession in spreading Faith” (utilizando nuestra profesión para propagar la Fe). Ciertamente que mi primera afirmación fué que nuestra profesión ofrece una plataforma ideal para ello, y propuse 3 puntos a reflexión: Dios, (la Fe); los Actores (los profesionales sanitarios) y los pacientes.

1) DIOS (la Fe): Presentar el Amor de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús que nos amó –nos ama- hasta dar su vida por nosotros. Dios, Padre de una gran familia, que conoce a cada uno de sus hijos e hijas, llamándonos por nuestro nombre. Anunciar la Misión de Jesús que salva a todos, pero que de una manera especial se dirige a los pecadores, los pobres, los marginados, los enfermos... Toda su actitud hacia ellos fue de compasión y misericordia... Y ahora somos nosotros, Jesús en esta tierra, como miembros de su cuerpo, la Iglesia.

2) Los Actores (profesionales sanitarios) llamados a desear, buscar y proteger el bien de los otros (EG 178) porque lo que hicisteis a uno de ellos me lo hicisteis a Mi (Mt. 25,40). Ello pide a los profesionales una identidad cristiana que testimonie nuestro enraizamiento en Cristo y que atraiga a los otros al encuentro personal con El. La misión del profesional católico es la del Buen Samaritano, “aquel que tuvo compasión del herido”. Y nos hará falta recordar, que nosotros seremos muchas veces la única Biblia que los otros lean, y el signo del amor que Jesús les tiene, haciéndoles sentir que Jesús les ama y vive a su lado para iluminarlos, fortalecerlos y liberarlos (EG 164).

3) Los Pacientes son hijos de Dios, y debemos ver en los que sufren la imagen de Cristo, pues ellos son la carne de Cristo. Ellos exigen de nosotros la práctica de una Medicina Holística, que tiene en cuenta lo físico, psíquico, social, emocional y espiritual del ser humano. Una medicina centrada en la persona y no solo basada en la evidencia. Y al mismo tiempo una educación de la fe, presentando un Dios Padre, Señor de la Gratuidad y de la Utopía del Reino, que no actúa directamente en lo externo de nuestras vidas. No es Dios quien nos envía la enfermedad, ni el que se lleva a nuestros seres queridos. El sufre nuestra enfermedad con nosotros, y cuando la vida nos empuja del otro lado del camino, nos acoge en sus brazos amorosos. Ayudar a nuestros enfermos a caminar y pasar del Amor Reverencial y temeroso, a veces, de Dios, al Amor Filial que se lanza en los brazos del Padre.

Este modelo de relación con los pacientes pide actitudes de ternura, compasión, y respeto de su dignidad, ofreciendo escucha, diálogo e información adecuada sobre su proceso que les ayude a tomar las decisiones correctas, expresadas en el consentimiento. Esta relación se presta también a una educación a los valores, especialmente el de la vida humana y en nuestra especialidad el valor desde el inicio de ésta, el de la gestación y el nacimiento más allá del valor económico y productivo que promueven la antropología moderna y la biopolítica, así como la formación de la conciencia.

Cierto es que hoy nuestros hospitales son templos de la ciencia y tecnología, más centrados muchas veces en los éxitos de éstas que en la persona del paciente y que obligan a los profesionales católicos a permanecer en un disenso democrático, teniendo que recurrir a la objeción de conciencia cuando las decisiones van en contra de la visión cristiana del hombre y de la vida.

Orquestar una ética de máximos como la que promueve nuestra fe, con una ética de mínimos como la promovida por la sociedad, para una convivencia armoniosa no es fácil.
 

Maria Pilar Núñez-Cubero, odn: Ginecóloga. Profesora de Bioética en la Universidad Ramon Llull, en la Pontificia de Comillas en Madrid, y otras Universidades. Miembro del Grupo de reflexión Bioética de la COMECE (2006-2014) en Bruselas, y relatora de la opinión de este Comité sobre la Mejora Humana “Human Enhancement” en el Parlamento Europeo (Abril 2012).

 


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