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Comunidades compasivas impregnadas de digna rabia

Una reflexión ante la humildad y riqueza del trabajo en equipo.

Julio 2014 | Manuel de Jesús Corral Corral (México) | Otras áreas

En el Coloquio "Filosofar nuestroamericano: Memoria, violencia y acción emancipatoria”, presenté la ponencia titulada “Cultivar nuestro jardín con utopías concretas”. De las intervenciones y preguntas que mereció la ponencia por parte del público extraje, en reafirmación de lo que ya sabía, al menos dos enseñanzas: humildad y riqueza del trabajo en equipo. Lo primero porque hay que aceptar que lo que uno dice es siempre limitado. Lo segundo porque esa limitación puede ser subsanada, al menos en parte, si se confronta con lo que otros tienen que decir. Abordo aquí dos cuestiones que surgieron de esas intervenciones del público.

1. No hay comunicación sin comunidad ni comunidad sin comunicación. Afirmación válida, aunque heterodoxa en el contexto de la ortodoxia del sistema global neoliberal basado en el mercado. Sus políticas privatizadoras privatizan también la comunidad al exaltar hasta la náusea el individualismo. Pero ojo. No se trata de negar el valor de la individualidad, como afirmación valiosa de la modernidad, sino de su radical deformación en aras de cambiar las reglas de las relaciones sociales por un burdo individualismo desde el que se considera al ser humano como un objeto fácilmente manipulable. En ese sentido se debe afirmar que no hay comunidad sin individuos que, con conciencia de su responsabilidad hacia el ‘otro’, se consideran a sí mismos como sujetos. Y si es así, todo individuo ha de situarse dentro de la comunidad y no por encima de ella. Pero tampoco la comunidad ha de aplastar al individuo impidiéndole el despliegue de sus potencialidades, sino servirle de espacio para su plena realización.

En el contexto actual de la sociedad de mercado, donde todo es vendible e hipotecable, el individuo puede pasar sus horas, días, meses y años sin referencia alguna a la comunidad. Ésta ha sido anulada e hipotecada por la forma de vida que le impone, por distintas vías, el modelo social hegemónico. Modelo que deja, sin embargo, algunos huecos por los que pueden colarse experiencias alternativas, si bien subalternas, de vida comunitaria. Son experiencias que surgen desde abajo para contrarrestar los efectos perniciosos que generan individuos o instituciones que han logrado situarse por encima de la comunidad y dictan sus órdenes desde arriba. Experiencias alternativas de diversos signos ideológicos y campos de acción, y conformadas como red: comercio justo, salud, educomunicación, derechos humanos, ecología, educación ambiental, pacifismo, feminismo, seguridad, libertad de expresión. Pueden citarse sólo tres ejemplos que vienen a la mente:

  • Las experiencias de comercio justo que surgen por doquier para propiciar el intercambio justo de productos agroalimentarios.
  • La Cooperativa Central de Servicios Sociales del Estado Lara que, con base en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela, ha logrado formas una amplia red de 60 comunidades dedicadas a la atención integral de sus miembros: salud, transporte, ahorro, producción agrícola, agroindustria en pequeña escala, etc.
  • Las Guardias Comunitarias, experiencia que surgen del arraigo del sentido comunitario, comunidad entendida como un valor, de pueblos originarios de México en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, entre otros, para proporcionar a las comunidades la seguridad que el Estado no les garantiza.

Este tipo de experiencias surgen y se refuerzan no de la nostalgia de la comunidad perdida, sino de la vivencia de la misma a partir de lazos y relaciones de amistad. Vivencias por cierto de lo más variadas dado que se trata de comunidades no al modo tradicional, que ya no existen, en las que el individuo era aplastado por la comunidad, sino de comunidades libremente elegidas por individuos que se saben y se asumen como responsables los unos de los otros en razón de su pertenencia al género humano. Aun las culturas más tradicionales, como las de los pueblos originarios de América y África, por ejemplo, en las que el sentido comunitario está fuertemente arraigado, han sabido incorporar elementos de la modernidad, sin renunciar a ese valor ancestral.

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Manuel de Jesús Corral Corral: maestro en Ciencias de la Comunicación. Dr. en Estudios Latinoamericanos. (en la UNAM, México). 37 años docente en Colegio de Ciencias y Humanidades-UNAM. Libros y revistas nacionales e internacionales.

 

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