Antropología del desarrollo

Análisis de la evolución de la antropología del desarrollo y de cómo sus distintos planteamientos afectan a los pueblos del Sur.

Marzo 2014 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Otras áreas

Orígenes
Nuestra visión del desarrollo y del subdesarrollo es estrictamente occidental y, además de occidental, hoy es una mirada que no puede esconder la herencia derivada de la colonización británica y francesa. Hemos pasado de discutir si los indígenas tenían alma, como hicieron la España de los inicios de la colonización americana, o el parlamento británico del siglo XIX, a tratar las poblaciones no europeas ni norteamericanas como menores de edad, con un paternalismo, en el mejor de los casos, que impide un trato de tú a tú, entre iguales. Ya en el siglo XXI, Gran Bretaña y los Estados Unidos, es decir, colonizadores y neocolonialistas, han impuesto su visión. Es posible que la crisis actual obligue a replantearse muchas cuestiones que parecían intocables. ¿Dónde está la supuesta superioridad de la raza blanca y, en especial anglosajona y blanca, ante los países emergentes asiáticos?

Primero los misioneros, después antropólogos, sociólogos, algunos políticos,... hablaban en nombre de los pueblos “nativos”. La propia expresión “nativos” tiene unas connotaciones peyorativas, cuando en realidad todos somos nativos de algún territorio. Hoy los “nativos” pueden contar con voces propias. Incluso un continente tan problemático como África subsahariana contó con defensores de la negritud como el senegalés L.S. Senghor o el ghanés Nkrumah.

Podemos afirmar con Paula Colmegna (2002) que hoy hay dos formas de plantear la antropología del desarrollo:

1. La que se plantea el desarrollo de comunidades locales, vulnerables, tradicionales, sin replantear-se críticamente nociones y conceptos involucrados en los proyectos de desarrollo.

2. La antropología que se centra en el análisis crítico de los conceptos y prácticas que se utilizan en las políticas de desarrollo.

Si en el siglo XIX todo giraba alrededor del colonialismo, el XX surgió una antropología del desarrollo crítica con el concepto de desarrollo que sigue exclusivamente unos parámetros occidentales, euro céntricos, que identifican desarrollo con crecimiento económico poniendo como ejemplos los países desarrollados de Europa Occidental, con el trasfondo, hasta la crisis actual intocable, de crecimiento indefinido, dentro del contexto de la globalización. Según David Shelton, 2002, para EEUU una mayor producción es clave para la prosperidad y la paz y para producir más es necesario conocimiento técnico y ciencia.

Estas ideas aplicadas a América Latina llevaron al “desarrollismo” de los años 50. Los 70, la izquierda latinoamericana cuestionaba el modelo Estado-Nación, principal genocida de pueblos indígenas, y entendía la condición indígena como un estado transitorio hacia la proletarización. Todas estas posiciones fracasaron. Desde los mismos años 70 entró en crisis el discurso habitual sobre el desarrollo. El Club de Roma con el famoso Informe Meadows planteaba el Crecimiento Cero. Las conferencias de Estocolmo (1972), Río (1992) y Kioto (1997) consideraban insostenible un desarrollo basado en el expolio del Planeta y la contaminación. Al mismo tiempo se iban articulando en América Latina movimientos indigenistas que reivindicaban sus derechos (Movimiento Zapatista, líderes políticos como Evo Morales,...) Y allí donde se hablaba de pobres e indios había que hablar de desigualdad, injusticia social y racismo.

La década de los 90 se planteaba una línea única de desarrollo para toda la humanidad. Los denominados “indios” no tan sólo no habían desaparecido mezclados con el resto del proletariado, habían cobrado más conciencia de sus derechos y denunciaban genocidios cometidos por los estados. Coincidiendo con la actuación de las ONG en estos ámbitos, en países como Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina,.... se incrementan las demandas indígenas en defensa de sus derechos. Podemos citar dos jesuitas grandes investigadores de las lenguas indígenas y por tanto defensores de las correspondientes etnias. El catalán Xavier Albó en Bolivia y el mallorquín Bartomeu Melià en Paraguay. Todo ello ha ayudado a adecuar los planes de desarrollo al “punto de vista de los nativos”.

No quiero olvidar la Conferencia de Bandung que a pesar de ser muy anterior, 1955, se celebró en Indonesia con la presencia de líderes asiáticos y africanos como Nerhu, Sukarno o Zu en Lai, y que representó la toma de conciencia de los pueblos “subdesarrollados” del derecho a ser tratados igual que los estados económicamente más avanzados.

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Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.



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