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Teresa Couret du Terrail, la mujer que propició el florecimiento del desierto

2ª parte

Septiembre 2014 | Maria Josep Dach, odn (Barcelona, Espanya) | Mujeres que dejaron huella

Primeros años en la comunidad de Toulouse. Consecuencias de la Revolución Francesa

La Casa de Toulouse, en el momento de la entrada de la M. du Terrail experimentaba una época de esplendor. Las alumnas eran numerosas y la comunidad estaba formada por sesenta y una religiosas de gran calidad humana que vivían fielmente el espíritu del Instituto.

En este ambiente encontró plenamente lo que buscaba: la práctica de las virtudes y la unión de la vida apostólica y espiritual.

El 9 de septiembre de 1781 hizo la profesión solemne después de superar una grave enfermedad que la tuvo paralizada varios meses y que puso a prueba su abnegación y confianza en Dios. Diez años después fue nombrada prefecta del internado. Este cargo le permitió entregarse de lleno a las jóvenes. Sus dotes de educadora nata le conquistaron pronto su afecto. Su labor tuvo gran influencia por la autoridad moral de la que gozaba entre las alumnas.

Pero la Revolución Francesa se abatió como un huracán sobre la Orden de Nuestra Señora. Se suprimieron las Órdenes religiosas y la Iglesia perdió todos sus bienes. El 25 de septiembre de 1792 la Comunidad de Toulouse tuvo que dispersarse después de varios días de sufrir registros, interrogatorios, vejaciones, golpes y presenciar con horror el asesinato de su capellán mientras celebraba la Eucaristía. Fueron días de angustia, sobresaltos continuos, el dolor de separarse y la preocupación por el futuro inmediato de las religiosas enfermas y ancianas.

La M. du Terrail decidió exiliarse a España. Escribió una carta a la M. Isabel Martínez, Superiora de la Comunidad de Seo de Urgel, que era la más cercana a Francia. Mientras tanto, se refugió en su casa paterna. Una vez recibida la respuesta afirmativa, la Superiora de la Comunidad de Toulouse y ella emprendieron el camino en enero de 1793, deesafiando el intenso frío hasta que la M. d’Espagne, que tenía setenta y tres años, no pudo soportar las penalidades del viaje y tuvo que regresar. La M. de Terrail continuó sola, atravesando las montañas de l’Ariège y Andorra. Vestida de criada, cerca ya de España se vio descubierta por un espía, que, sin embargo la trató con gran consideración y la llevó hasta Seo de Urgel.

Un mes más tarde llegaba a su destino agotada física y psicológicamente por el temor a ser descubierta y la dureza del viaje.


 

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