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Teresa Couret du Terrail, la mujer que propició el florecimiento del desierto.

Sexta parte.

Mayo 2015 | Maria Josep Dach, odn (Madrid, Espanya) | Mujeres que dejaron huella

En esta VI parte de la vida de la M. Du Terrail llegamos al punto culminante, el hallazgo del cuerpo de Juana de Lestonnac, desaparecido cuando la Comunidad de Burdeos, el año 1792 fue expulsada de su casa, a pesar de todos los esfuerzos y precauciones de la Superiora de la casa Angélica de Peyferrié. Ésta, anticipándose a los acontecimientos, confió el cuerpo a un primo segundo de Juana de Lestonnac, el Señor de Galatheau, escondido en la caja de un clavicordio. Pero, al ser detenido y registrada su casa, los revolucionarios se lo confiscaron.

Cuando la M. du Terrail cumplió su primer objetivo de dejar establecida la Comunidad de Burdeos, pudo dedicarse con todas sus energías a buscar el cuerpo de Juana de Lestonnac. Deseo profundamente arraigado en su corazón y compartido con las casas de la Orden de Francia y España.

Para ello, empezó una serie de indagaciones y preguntas hasta dar con “personas dignas de fe” que le señalaron un terreno propiedad del Ayuntamiento como el descampado donde el Tribunal Revolucionario de Burdeos mandó cavar una fosa y depositar el cuerpo de la Fundadora junto al de un caballo.

A partir de este momento, la M. Du Terrail tuvo que emprender una larga peregrinación para conseguir las autorizaciones necesarias de las instituciones: familiares de Juana de Lestonnac, Arzobispado, Prefectura y Alcaldía de la Ciudad.

El miércoles 13 de noviembre de 1822, empezaron las excavaciones. Estas se prolongaron durante 10 largos días sin ningún resultado Se sabía el emplazamiento pero no el lugar exacto. Empezaba a cundir el desánimo. No eran pocos los que aseguraban que jamás encontrarían lo que buscaban. Los mismos obreros estaban desalentados. La M. Du Terrail no perdía las esperanzas y trataba de infundirles su optimismo.

Y en medio de la incertidumbre, uno de los protagonistas de lo que había pasado en aquel lejano 30 de abril de 1793 comunicó que el cuerpo que buscaban había sido enterrado cerca del de un caballo, indicando también la ubicación.

Por fin el día 23 de noviembre, sábado, a las cinco menos cuarto de la tarde aparecieron los restos del caballo y un hombre que presenciaba los trabajos gritó: “¡Está ahí. Ahora la encontraran! Este hombre era el que la había enterrado. Los trabajadores cavaron con mayor ímpetu y al poco rato apareció el cuerpo envuelto en un sudario. La emoción se apoderó de todos. Se avisó a los delegados y al párroco de San Eloi, quien bajó a la fosa y rezó rodeado por gran cantidad de gente que había acudido al saber la noticia.

Un médico y un cirujano examinaron los restos y certificaron que pertenecían a “una mujer de avanzada edad, estatura corriente y complexión sana”. Después los entregaron a la M. Du Terrail.
 

Maria Josep Dach: odn. Naciada en Solsona (Lleida), es licenciada en historia. Archivera de la provincia de España, odn.

 
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