Francisca Moner, odn (1712-1808)

Mujer fuerte en tiempos difíciles: vivió como Superiora las consecuencias de la supresión de la Compañía de Jesús.

Septiembre 2013 | Maria Josep Dach, odn (Barcelona, Espanya) | Mujeres que dejaron huella

Francisca Moner nace en la ciudad de Vic (Barcelona) el 27 de marzo de 1712, en plena guerra de Sucesión.

De carácter formal, inteligencia despierta y genio vivo, sus padres procuraron con su educación ayudar al desarrollo de esas cualidades, encauzando su fuerte personalidad para que no degenerara en altivez. Su formación intelectual fue amplia y se atendió también a las manualidades por las que demostró afición y habilidad.

A los 18 años tomó el hábito en el monasterio de la Enseñanza de Barcelona y profesó el 23 de abril de 1732.

Por ella misma sabemos que se reconocía con grandes dotes y también con limitaciones. Hace constantes esfuerzos para dominar su impaciencia. Esa lucidez la lleva a pedir que se le adviertan sus fallos, que sabe aceptar con sencillez.

Su sentido común y la formación espiritual recibida le hacen comprender que la santidad no está en milagros ni revelaciones sino en la práctica de las virtudes y en la abnegación.
Sus cualidades personales y su coherencia de vida no pasaron desapercibidas a la comunidad. La M. Moner es elegida Priora por mayoría de votos en marzo de 1754. Tiene 42 años.

Trabaja con dedicación por el bien común y la estabilidad y avance de la misión. Algunas de sus obras: sanear la economía de la comunidad, maltrecha por la guerra de Sucesión y cuyos efectos se notaban aún. En 1756 prepara la fundación de la casa de Solsona y empieza las obras de ampliación del colegio de Barcelona, reorganiza el archivo y ve cómo aumenta el número de pensionistas y el de alumnas externas (50 y 800 respectivamente).

Las monjas se sienten bien asistidas y orientadas y la M. Moner es reelegida una y otra vez como Priora del Monasterio.

Todo parece transcurrir dentro de la más estricta normalidad hasta que un acontecimiento político va a alterar profundamente la vida de la Comunidad: el 26 de marzo de 1766 el pueblo de Madrid se amotina contra el ministro Esquilache. El rey Carlos III se alarma y algunos ministros saben jugar la carta del miedo y presentan un informe al monarca afirmando que detrás del motín están los jesuitas. Hay que seguir el ejemplo de Portugal y Francia y proceder a expulsarlos.

El 27 de febrero de 1767 el rey firma el Decreto de expulsión. La orden se cumple en Barcelona el 15 de abril. El Monasterio de la Enseñanza se queda sin estas personas en las que confiaban y eran sus confesores.

Un mes después del motín de Esquilache, el rey nombra a Josep Climent obispo de Barcelona, siguiendo la política de colocar en las sedes episcopales a prelados marcadamente anti jesuitas y éste ciertamente lo era.

El 5 de octubre de 1768 el nuevo obispo abre la visita canónica a la comunidad, comprueba el ambiente de seriedad y observancia y el cuidado que ponen en la educación de las niñas. Confía que conseguirá borrar la estima que las monjas sienten por los jesuitas. En una nueva visita les comunica que ha enviado fuera de Barcelona al capellán de la comunidad y las reprende por el aprecio que manifiestan por los expulsados.

A partir de este momento se complican las relaciones entre las monjas de la Enseñanza y el obispo Climent. El nuevo capellán no atiende a la comunidad, se va de viaje y la deja sin asistencia espiritual. Ausente el obispo, explican su situación al Vicario General. Éste les echa en cara su estima por los confesores anteriores. La visita sólo sirve para aumentar el recelo hacia la comunidad.

Dos años y medio después, el prelado acude al monasterio de la Enseñanza para presidir la votación de Priora, pero lo que pretende es imponerles una nombrada directamente por él y manda al secretario que lea el Decreto de nombramiento. Las monjas suplican no verse privadas del derecho de elección, pero el obispo, inflexible, manda que se lea el decreto. Las monjas prorrumpen en voces que ahogan la voz del secretario, impidiéndole la lectura.

El obispo Climent reacciona con gran enojo. Al día siguiente, 18 de marzo de 1771, somete el monasterio a vigilancia, prohíbe a las monjas que se acerquen a comulgar y les hace empezar Ejercicios Espirituales. Los dirige un sacerdote que durante ocho días les habla con gran dureza. Estos ejercicios tenían la finalidad de hacer que las religiosas reconocieran su grave pecado y pidieran perdón.

Al no obtener el resultado que se buscaba, el día 26 de marzo, a las siete de la tarde, el Vicario General se presenta en el monasterio y se lleva a la M. Moner a las Descalzas de S. Teresa y a otras tres religiosas al Convento dels Àngels. Quedan confinadas en sus celdas y se les prohíbe todo tipo de comunicación oral o escrita. Su situación bien puede calificarse de encarcelamiento.
Al día siguiente, las monjas escuchan una plática aterradora: se las amenaza con disolverlas, ya han visto que la cosa va en serio. Acaban firmando el formulario que las inculpa de grave desobediencia al obispo.
Seis meses después vuelven las prisioneras. La Crónica del Monasterio insinúa el sufrimiento de la M. Moner en su amarga soledad. El 6 de mayo de 1775 el obispo Climent firma un documento rehabilitando a la M. Moner y el 5 de octubre de este mismo año la comunidad vuelve a elegirla como Priora.

Después de unos años de calma y normalidad, Barcelona sufre las consecuencias de las malas cosechas en forma de escasez de alimentos y aumento del precio del pan que originan una sublevación popular conocida como “els rebomboris del pa”, que tuvo lugar en febrero de 1789 y en la que participaron muchas mujeres. Este mismo año empiezan a llegar a la ciudad gentes de toda condición social que huyen de la Revolución francesa. M. Moner se desvive por todos. En la ciudad hay paro y miseria y empiezan a funcionar las “ollas públicas” para atender a los menesterosos. El monasterio de la Enseñanza se suma a la iniciativa. Las monjas restringen su ración de alimentos al mínimo. En Barcelona era bien sabido que los pobres que se acercaba al Monasterio de la Enseñanza nunca se iban de vacío.

La M. Moner, después de treinta años más al frente de la comunidad, muere el 19 de abril de 1808, pocos meses antes de la entrada de las tropas francesas en Barcelona, a los 96 años de edad.

Después de conocer la vida de la M. Moner y las especiales circunstancias que afrontó quedan algunas preguntas: ¿era la cabecilla de los projesuitas de Barcelona, como sospechaba el obispo Climent? ¿Por qué esa inquina del prelado contra el Monasterio de la Enseñanza? ¿Le pudo el sentimiento antijesuita? La crónica del Monasterio da cuenta de los tristes acontecimientos que vivió pero lo hace con gran sobriedad. Quisiéramos saber más detalles de los seis meses de confinamiento de la M. Moner pero nos encontramos con la grandeza del silencio.


Resumen de la crónica de la vida de la M. Francisca Moner. Archivo de la Casa de Barcelona, volumen II, 1808-1809

Bibliografia :
ANES, Gonzalo: El Antiguo régimen: los Borbones. Alianza Editorial. Madrid, 1981.
BANGERT, William, S. J: Historia de la Compañía de Jesús. Ed. Sal Terrae, Santander 1981.
PLADEVALL, Antoni: Història de l’Església a Catalunya. Ed. Claret. Barcelona 1989.
REDONDO, Gonzalo: La Iglesia en la Edad Contemporánea. Ed. Palabra. Madrid 1985. REGLÀ, Joan: Història de Catalunya. Ed. AEDOS. Barcelona, 1969 (V. 2).
TORT MITJANS, F.: El Obispo de Barcelona Josep Climent i Avinent (1706-1781). Ed. Balmes. Barcelona 1978. 
 

Maria Josep Dach: odn. Naciada en Solsona (Lleida), es licenciada en historia. Actualmente es la subdiretora del Colegio Mayor Lestonnac de Barcelona.


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