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Un proyecto educativo para el centro escolar “Redes de Solidaridad”

El centro escolar de educación infantil y primaria “Redes de Solidaridad” perteneciente a la ONG nicaragüense del mismo nombre, es una obra de la Compañía de María en Nicaragua.

Mayo 2014 | Pilar Martín Casalderrey (Ciudad Sandino, Nicaragua) | Misión educativa

Este centro está situado en el barrio de Nueva Vida, creado en el año 1998 como asentamiento de emergencia para los damnificados del huracán Mitch, pertenece al ayuntamiento de Ciudad Sandino en el departamento de Managua, capital de Nicaragua. Actualmente lo habitan unas 10.000 personas de las que un 76% es pobre y un 40.1% es pobre extremo según datos oficiales.

Muchos de sus habitantes no tienen empleo y el existente es en su mayoría precario (venta ambulante, recogida de basura en el vertedero “chureca” municipal…); el número de personas con nómina y por lo tanto con derecho a seguro médico es mínimo. El 38% de la población de Nueva Vida es analfabeta.

Con frecuencia 2 o 3 familias viven en una misma casa; la mayoría de las viviendas están construidas con chapas y algunas con concreto (cemento); muchas carecen de letrina y baño; la cocina en casi todos los hogares es de leña; el servicio de agua potable es irregular y los cortes de suministro eléctrico son demasiado frecuentes.

El barrio no está adoquinado ni asfaltado en la mayoría de sus calles, no hay desagües, tampoco un mercado, supermercado o una oficina bancaria.
Solo una línea de autobuses permite a sus pobladores la entrada o salida del barrio.

Un centro público y uno privado imparten los niveles de educación infantil, primaria y no hay centro cultural ni deportivo público; los niños y jóvenes del barrio no tienen ninguna posibilidad de ocio; las actividades existentes están organizadas por las instituciones presentes en la zona.
Es un barrio totalmente olvidado por las instituciones públicas municipales, departamentales o nacionales.

En el ámbito educativo Nicaragua es uno de los países con peores servicios según un estudio de la UNESCO sobre la educación en América Latina y el Caribe. La tasa de analfabetismo en Nicaragua (más del 23%) es la segunda más alta de los países analizados, solo superada por Guatemala (más del 30%). Casi el 30% de los jóvenes entre 15 y 19 años de edad no tiene sus estudios de primaria completados. También en este dato solo es superada por Guatemala. El porcentaje de escuelas con agua potable es el menor de todos los países analizados. Casi la mitad de las escuelas no dispone de agua potable. Menos del 30% de los centros cuentan con baños suficientes. Es el peor porcentaje de toda América Latina. Solo un 22% de los colegios dispone de biblioteca. Menos de un 10% de los colegios dispone de una sala de computación. En el nivel de conocimientos presenta indicadores significativamente por debajo de la media, en las áreas de lenguaje, matemáticas y ciencias. El número de maestros empíricos, es decir, sin la titulación académica necesaria para impartir clase, que desarrollan su labor en diferentes escuelas reconocidas, asciende a 3.000. (Blog de “Redes de Solidaridad”, 25 de junio de 2008).

En este contexto social, económico y educativo el centro escolar “Redes de Solidaridad” intenta ofrecer una educación -en cuanto a conocimientos y valores- de calidad, que vaya más allá de la establecida por los currículos oficiales. Como centro de la Compañía de María, hace suyos los rasgos y principios educativos de esta Institución, considerando además, que son universales, concretos en su definición, aplicables a cualquier contexto y capaces de ofrecer respuestas.

Juana de Lestonnac al fundar el primer instituto apostólico de educación para la mujer rompe con la costumbre inveterada de que esta es solo para varones. Para transformar la realidad y conseguir una mayor y mejor justicia es válido -y a veces obligado- romper moldes. Si se tiene la convicción de que las personas están llamadas a convivir en igualdad deben de tener las mismas oportunidades. Al reconocer a la mujer se reconoce a las personas y este reconocimiento se plasma en una pedagogía concreta, así la persona –da igual su sexo- se siente respetada, validada y confirmada. Y este principio, así entendido, es aplicable en el barrio de Nueva Vida.

En cualquier relación interpersonal saludable, el acompañamiento, la empatía -con lo que implica de reconocimiento y sentimientos del otro-, el respeto, la escucha, la aceptación, el no juzgar… son elementos fundamentales; en la relación educador-educando hay que añadir, además, el ofrecer pistas más que consejos que impulsen la experiencia vital, que animen a que cada persona sea responsable de sí mismo, de sus emociones, sentimientos, pensamientos, acciones… ayudándole a autodefinirse o lo que es lo mismo: debe de existir implicación y compromiso. Así el principio educativo ”relación que acompaña y hace crecer” es válido y necesario al educar a los alumnos y alumnas de “Redes de Solidaridad”.

Educar en “la formación de cabezas bien hechas” supone educar para que la persona esté dispuesta a la reflexión, a discernir y decidir. Asimismo supone ayudar al educando a tener criterio propio, a ser constructivo en sus críticas, a tomar sus propias decisiones y a asumir sus consecuencias. Supone también que utilice los conceptos aprendidos y los procedimientos no solo para reproducir y aplicar sino para ser capaz de generalizarlos y transferirlos. Una “cabeza bien hecha” se permite fantasear y divagar pero es capaz de aterrizar para satisfacer las necesidades personales y sociales, se integra en la sociedad y el contexto. Y Nueva vida necesita personas con “cabezas bien hechas”.

Defender educar en la diversidad, implica atender a cada persona, tener en cuenta la heterogeneidad e intentar responder a sus necesidades concretas, y aunque el contexto social del barrio es uno, las situaciones familiares y personales del alumnado son muy diversas; solo teniendo en cuenta este principio se podrá responder a las necesidades del alumnado de Nueva Vida.

La comunidad de Nueva Vida necesita salir de la situación en la que se encuentra y esto no es posible sin la participación de sus pobladores en esta tarea. La participación activa en las acciones del centro escolar, del proyecto “Redes de Solidaridad” y del barrio hacen que el alumnado vea, conozca, se sienta miembro de una comunidad y colabore en su transformación ahora como niño y adolescente y posteriormente como adulto comprometido; y esto solo será posible si se educa en un proyecto común en y con la comunidad.
En resumen se trata de educar en la vida y para la vida.
 

Pilar Martín Casalderrey: Educadora voluntaria en el Centro Escolar Redes de Solidaridad.


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