Potenciar una educación que ayude a las personas a crecer en todo lo que son y a comprometerse en la transformación de la realidad

Reflexión filosófica-educativa en el escenario de la Educación.

Noviembre 2013 | Olmer Alveiro Muñoz Sánchez (Argentina) | Misión educativa

El mundo de finales del siglo XX y comienzos del XXI ha sido caracterizado desde el punto de vista de los historiadores como Eric Hobsbawm y Giuliano Procacci, como un siglo de Barbarie; con ello se señala fundamentalmente que el hombre de finales del siglo XX entró en un proceso de fragmentación, descrédito del sistema moral y pérdida progresiva de los ideales de la Ilustración: Igualdad, Libertad, Fraternidad. En fin, es un siglo de grandes cambios que han llevado a que el ser humano sea instrumentalizado y deje de ser un fin en sí mismo y se convierta en un medio para, y en este sentido se pierda toda esa postura tan bellamente expresada por el filósofo de Köenisgberg Inmanuel Kant.
Es desde esta óptica de la historia y de las relaciones del hombre con la política, la economía, la religión, la educación, la ciencia y la tecnología, como pretendo dar unas aportaciones que desde un punto de vista académico y cultural puedan incidir en la reflexión sobre la educación hoy, tal como lo ha realizado la Compañía de María en sus cuatrocientos años, ofreciendo una educación integral, siguiendo los lineamientos del Evangelio y del Humanismo Cristiano, todo puesto al servicio del hombre y de la mujer del siglo XXI.

Puntos de Reflexión filosófico-educativos en el escenario de la Educación

1. El hombre en busca de sentido
En este primer postulado me refiero a la crisis existencial que los jóvenes de finales del siglo XX y principios del XXI experimentamos, después de descubrir que la ciencia y la técnica en sí mismas no dan la felicidad profunda. Es aquí en donde efectivamente volvemos a recordar a Martin Heidegger y con él sus reflexiones sobre el Ser. Precisamente la crítica de M. Heidegger a la modernidad es que ésta, con su modelo científico nos ha alejado de la pregunta fundamental, el ser, la persona humana, y nos ha llevado hacia los límites, o sea, el Ente, las cosas. Desde esta perspectiva las preguntas que nos deberíamos hacer desde el contexto educativo son, ¿realmente educamos para Ser Personas o para Hacer cosas? ¿Educamos al hombre y a la mujer para apropiarse de lo meramente instrumental, útil, para una sociedad capitalista y/o neoliberal o realmente nos dirigimos hacia el desvelamiento del mundo, de la persona, de su historicidad, del cosmos, del Ser como presencia, como libertad, como apertura a los otros?. Ante estos interrogantes, ¿qué puede hacer la educación? En primer lugar, tratar de llevar el conocimiento intelectual al plano del conocimiento humano cultural, es decir, nuestras aulas escolares no sólo son centros de pensadores sino de personas que miran hacia la transformación de su contexto, y por esta razón esto implica una responsabilidad social-política. En segundo lugar, planteamos como reto una educación transformadora del individuo con un gran sentido de la alteridad, lo cual significa que nuestra estructura curricular debe propender hacia una dimensión del sentido del ser persona con los otros.

2. El Rostro del Otro
Ante una crisis de los fundamentos como ocurre a finales del siglo XX y comienzos del XXI, acudo a Emmanuel Levinás, y con él, a su posición sobre el rostro del otro, como una manifestación de la alteridad del Otro y del ser humano. Si bien el mundo occidental nos ha ayudado a reconocer al individuo como sujeto que tiene derechos y deberes, también nos ha llevado a alejarnos de la comprensión del otro en su dimensión profunda, es decir, aquella en la cual se refleja el rostro de Dios y del prójimo.

Educar para vivir mejor, como lo señala Fernando Savater, implica descubrir en el otro su rostro humano. Esa es también una tarea educativa, que como desafío ante un mundo bastante secular y egoísta, que se ha olvidado de Dios, necesita retomar la dimensión humana del hombre. ¿Es posible que nuestro currículo en sus diversas áreas del conocimiento sea pensado para un encuentro con el Otro y con los otros? ¿Son pertinentes las didácticas de los saberes, en cuanto posibilitan el encuentro con el otro, o sólo se encargan de dirigir nuestra mente hacia el conocimiento científico técnico?

3. Educar en medio de sociedades conflictivas y multiculturales
Desde el contexto global y local de la sociedad, encontramos dificultades, en unos casos más difíciles que en otros; en consecuencia debemos preparar a los estudiantes con una conciencia positiva frente a las dificultades que se encuentren en estas sociedades en cambio. La tesis del escocés Thomas Hobbes, siglo XVII, plantea que en los seres humanos existe una conducta innata egoísta y, por lo tanto, para defendernos los unos de los otros, debemos instaurar un gobierno y un gobernante; la tesis Hobbesiana que en principio recalca una naturaleza violenta por esencia en el hombre, nos lleva a pensar que el acto educativo debe perfeccionar la natura humana. Por el contrario para el filósofo Heráclito, “la Guerra es el padre de todas las cosas, en cuanto crea nuevos espacios, nuevas ideas, nuevas situaciones”; señala también que “Los contrarios se atraen y generan armonía”; a partir de estas tesis podemos preguntarnos, ¿es la educación un espacio en el cual habitan enemigos comunes? O ¿es la educación posibilitadora de diálogo, de debate, de conversación, de consenso? ¿se encuentra como positivo el disenso como manera de acercarnos a la verdad?. Ante esto podemos proponer que la dimensión de lo educativo no debe imprimir en el educando el sentimiento egoísta de su naturaleza (Hobbes), sino la capacidad de ver que en la diversidad y en la divergencia se puede construir un futuro humano.

Educar en este sentido nos impulsa al reto de ser tolerantes en sociedades pluralistas; así lo han demostrado sociedades como la India, en la cual durante muchos siglos pudieron convivir Musulmanes, Hindúes y Budistas, o la España musulmana en la cual pudieron vivir de manera tolerante Moros, Cristianos y Judíos durante más de ocho siglos; tal lección no puede ser negada por el Evangelio, así lo demostró Jesucristo en su convivencia con Judíos y no Judíos, en donde el centro de importancia es la persona, no su lengua, ni su religión, es su Ser y en este sentido la persona como totalidad abierta.

4. El Pensamiento débil y el hombre contemporáneo
Hoy una de las tesis mas controvertidas en filosofía, es aquella que es presentada por el pensador italiano Gianni Vattimo, que plantea cómo los grandes metarrelatos (entendemos aquí por metarrelato aquellos fundamentos que la persona tiene como parte fundamental de su existencia, como también los que encontramos en la sociedad como parte de la construcción de civilización) y los fundamentos han caído; desde su punto de vista no deben existir hoy grandes relatos, esto supone, desde nuestra interpretación, un gran vacío en el hombre contemporáneo, quien cree y siente que no existe un fundamento fuerte de su existencia, de sus valores, de su comportamiento ético, de su ser en el mundo. Esta postura filosófica, original de la posmodernidad europea, ha influenciado fuertemente el pensamiento filosófico y la práctica del hombre latinoamericano. Pues bien, tal vez hoy nuestro reto en la Educación y la Misión de la Compañía de María sea Educar con un fundamento de la Existencia, es decir, los contenidos intelectuales deben proveer de sentido la existencia; de nada sirve tener un plan curricular perfectamente elaborado en cuanto al rigor académico teórico, si no existe la capacidad de relacionar los conocimientos con la vida cotidiana.

5. La Hermenéutica (ciencia de la interpretación), un horizonte de comprensión
En este última aportación quiero valerme de la tesis de Hans George Gadamer, en la cual la verdad tiene un sentido desde la Interpretación: no es impositiva, no es absoluta, se da a partir del consenso, del diálogo, de la conversación, del debate; se consolida en la medida en que los seres humanos podemos llegar a aquello que denomina Gadamer como la fusión de Horizontes, es decir la capacidad de escuchar al otro y de comprenderlo. Es la dimensión ontológica la que se abre camino, alejada de la simple instrumentalización; es la capacidad de comprender, desde el lenguaje, al otro, a la persona humana, al mundo, a la realidad. Hacer del lenguaje, como dice Heidegger, la casa del Ser. El lenguaje como logos, como comprensión, como diálogo, nos desvela la realidad del otro, del mundo, de su historia y de su vida. Este punto remite a pensar en nuestra actividad educativa: educar no es sólo impartir datos, informar, sino que debe estar orientada hacia la generación de interpretaciones, que amplíen el espectro de visión sobre el mundo, y evite con ello radicalismos intelectuales, fundamentalismos que son los que producen las guerras, los conflictos, los malentendidos, la absolutización de las estructuras, soledad y amargura en el hombre. Conocer hoy es saber interpretar.

6. Algunas Conclusiones
Quisiera concluir señalando algunos aspectos filosófico-educativos para ponerlos en práctica en nuestra misión. En primer lugar, es urgente considerar el espacio educativo como un lugar de encuentro con los otros y, en este sentido, como un lugar ético. Por ello, los contenidos de las asignaturas y de las diferentes disciplinas deben llevar a considerar al otro como ser trascendente y no como un instrumento (Inmanuel Kant). En segundo lugar es necesario replantear el concepto de Ilustración en los estudiantes, es decir, debemos fomentar el estudio de aquello que los medievales llamaban muy bien artes liberales, y en ellas hacer hincapié en lo estético, en la reflexión sobre las culturas, en la historia, en el reconocimiento de las tradiciones como un valor que se integra en la búsqueda de la verdad, evitando con ello la reducción al academicismo tan propio en algunas instituciones educativas en Colombia. En tercer lugar, debemos sugerir que, en el contexto de la educación, es fundamental generar los espacios de integración con lo diverso, con las distintas culturas, con el reconocimiento de los valores de los demás, a pesar de que sean diferentes a los propios. A este respecto, me ha señalado la M. Beatriz Agudelo, que la fundadora de la Compañía de María, Juana de Lestonnac, “fue una mujer que supo integrar saberes y experiencias....”. En cuarto lugar, es necesario revitalizar en nuestra actividad educativa un nuevo Humanismo Cristiano como eje central que nos permitirá reconocer en los otros, en sus pensamientos, en sus ideales, en sus motivaciones de vida, las Semillas del Verbo, como expresa el Concilio Vaticano II.

Es el Humanismo Cristiano, el que nos enseña a respetar y a reconocer a los demás, y nos lleva a considerar nuestra actividad pedagógica como una labor de formación integral que sobrepasa lo meramente técnico, instrumental.

Finalmente quisiera señalar, retomando al filósofo Michel Foucault (contemporáneo) en sus últimos escritos, estas tres actitudes: Nos enseña que nuestra reflexión ético-estética debe tener tres principios que pueden ser aplicados a nuestra vida y que nosotros consideramos relevantes para la educación:
a) educar para el cuidado de sí, como una actitud ética, en la cual la vida propia y la de los demás son un valor fundamental, y por ello nos debemos cuidar a nosotros mismos en una actitud no de auto-conservación egoísta, sino de cuidado de sí ( lo que en griego se llama epimeleia;
b) el cuidado del otro, como una actitud política, es decir, de bienestar común, público, de cuidado de los otros;
c) el cuidado de las cosas, que corresponde a la ciencia. Esta última actitud se debe reflejar en la manera como cuidamos el mundo que nos rodea -barrio, municipio, país- y hacemos un uso regulado de los recursos. Estos tres postulados nos hacen pensar que la práctica educativa, debe llevar a que los estudiantes, cuiden de sí, sean éticos, cuiden de los otros, políticos, y cuiden de las cosas, científicos. Todo con el fin de llevar a cabo lo que Aristóteles denomina la eudaimonia, es decir, la búsqueda de la felicidad de los hombres en su vida cotidiana.
 

Olmer Alveiro Muñoz Sánchez: magister en Estudios Políticos, Universidad Pontificia Bolivariana (Colombia). Doctorado en Ciencia Política, Universidad Católica Argentina.


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