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Contribución de Juana de Lestonnac a la cultura

“Educar a la mujer es producir una mutación cultural allí donde ello suceda”.

Mayo 2015 | Marta Inés Restrepo, odn (Colombia) | Misión educativa

Evangelii Gaudium, del Papa Francisco (2014), dando continuidad a “la mística de los ojos abiertos” que acompaña las lides de los profetas, denuncia los antivalores de la cultura contemporánea:

No a una economía de la exclusión.
No a la idolatría del dinero.
No a un dinero que gobierna en lugar de servir.
No a la inequidad que genera violencia
.

Así mismo el Papa propone algunos desafíos de la cultura actual. Porque la cultura “abarca la totalidad de la vida de un pueblo: el conjunto de valores que lo anima y de desvalores que lo debilitan. "Vivimos en una cultura de valores y antivalores, y no sin razón, se ha llegado entre nosotros a hablar de una “cultura de muerte” o “de la violencia”, con la antinomia que esta afirmación comporta.

Es conveniente preguntarnos qué significa cultura: del latín, colo: cultivar. Culto, como participio pasado, cultura, como participio futuro; es el resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre.

No podemos ubicar a Juana de Lestonnac, fundadora de una Orden Religiosa expresamente dedicada a la educación de la mujer, fuera de este contexto de la cultura, entendida como el cultivo de las mejores dotes del espíritu humano. Ella lo entendió así, al escribir en su proyecto fundacional en el año 1605:

“Cuántas jóvenes viven en la ignorancia, de la que se resienten toda la vida…
Conocéis los desórdenes que ha causado en las personas de nuestro sexo, la ignorancia…
Fui testigo de esta desgracia, casi desde sus comienzos, y por una gracia singular del cielo, me vi preservada de ella…
Hoy mismo todavía existen escuelas de iniquidad, en las que, bajo pretexto de una educación en el conocimiento de las letras y de la vida social, se enseña la mentira…
Hace mucho tiempo que estoy pensando REMEDIAR TAN GRANDE MAL …


Aún más, en el Abregé o Fórmula abreviada del Instituto, cuando la fundadora coloca su proyecto en el rango de las grandes Órdenes y realizaciones de una Iglesia que por medio de los Santos Fundadores, ha ido salvando a la humanidad de su barbarie, construyendo escuelas, y abriendo caminos al espíritu no solo religioso sino científico de la humanidad. El proyecto de Juana de Lestonnac se coloca en el corazón mismo de lo humano: LA EDUCACIÓN DE LA MUJER.
“Con ellas habremos educado familias enteras”, solía decir. Educar a la mujer es producir una mutación cultural allí donde ello suceda.

Así lo entendieron los Virreinatos de Nueva España, Río de la Plata y Nueva Granada , al pedir a las hijas de Lestonnac el que su proyecto y forma de vida fueran los inspiradores de sus nuevas sociedades. El concepto de cultura “está inseparablemente unido al sujeto, puesto que se refiere a su ethos ” La Compañía de María, hoy, cuatrocientos años después de su fundación, sigue proponiendo un modo de vida que por el cultivo de las dotes espirituales, éticas e intelectuales, siga ayudando a surgir en los diferentes lugares y sociedades, MUJERES NUEVAS.

En efecto, esa original simbiosis de mujer culta y al mismo tiempo santa, es una rara creación del Espíritu en la Iglesia. Juana hizo vida los más nobles ideales de la radicalidad evangélica desde la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, en cuya forja gestó a la Compañía de María, al mismo tiempo que estimaba grandemente, por razones de cuna, la más esmerada educación. En ella aparece un estilo de vida NUEVO en la Iglesia y escuelas y colegios que hasta hoy prolongan su obra educativa en cuatro continentes. Somos conscientes de estar incidiendo en el lugar más fuerte y más frágil de lo humano: la mujer.

El rostro de nuestra historia pluricultural y amenazada por los sistemas dominantes, toma su matiz propio en el rostro de la mujer: ella es la dimensión humana de la vida, su portadora y cuidadora. En ella el hombre descubre su dimensión humana más profunda. La mujer no es una condición biológica individual, sino una dimensión humano-existencial de la realidad dual hombre-mujer, constitutiva de lo humano.

Para nuestro pensador Luis López de Mesa, la espiritualidad es la primera y máxima expresión cultural de un pueblo. Si para unos, cultura es ética, para el filósofo es espiritualidad; así habla con hermosura de la “espiritualización del espacio y del tiempo en nuestras culturas aborígenes” . Desde esta perspectiva, la obra de Juana no fue solo la de quien pensaba que las niñas debían saber leer y escribir, o aún los rudimentos del derecho, sino de alguien que pensó en la ordenación de los edificios tanto para el culto como para la educación, y aún en el peso, calidad y medida de los alimentos de religiosas y alumnas según las estaciones . Desde esta perspectiva. El que Juana de Lestonnac ofrezca un proyecto de vida que tiene como meta la PERFECCIÓN en todos sus aspectos hace que ya no sólo ella, en su persona y obra, sino en la posteridad, siga trazando perspectivas culturales siempre nuevas en cada continente.

Nunca los sistemas se han mantenido ni reproducido con tanta presión sobre los seres humanos como en esta época en que los medios masivos, por la multiplicidad de sus formas anónimas y estandarizadas que influyen y afectan el cerebro, la mente y el actuar de las gentes.

Nunca como hoy, se ha hablado tanto del rescate de lo personal y lo comunitario frente a la cultura de masas. Ni de la interioridad ni de la recuperación del valor de los espacios en los que el hombre pueda ser realmente humano; a saber, la naturaleza, la familia, el arte, la religión.

Nunca como hoy, tenemos que preocuparnos por tantas niñas y mujeres que son excluidas sistemática y culturalmente de la educación, jóvenes sometidas a la trata de personas y a tantas nuevas formas de esclavitud y de dominación. Nunca como hoy es tan vigente la actualización del carisma educativo de Juana de Lestonnac.

El proyecto educativo de Juana de Lestonnac le da rostro, hoy más que nunca, a la posibilidad de “llenar un nombre”, como lo proponía la Madre Lestonnac a las religiosas, salvando lo humano de cada niño o niña, joven o adulto.
 

Marta Inés Restrepo M, odn: religiosa de la Compañía de María, colombiana. Doctora en Teología, profesora del Centro de Estudios Religiosos (CER) de la Conferencia de Religiosos de Colombia y miembro de la Comisión teológica de la misma.


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