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Apuntes para una pedagogía de la felicidad desde la Biblia

¿Cómo educar, cómo enseñar a ser felices?

Julio 2014 | Marta Inés Restrepo M., odn (Medellín, Colombia) | Misión educativa

No podemos pasar por alto el significado que puede tener en la educación la búsqueda de la felicidad. Es parte de la ética del cuidado de sí. Me propongo, pues, trazar algunas líneas que sirvan como punto de apoyo para una tarea que no podemos evadir, y menos con el compromiso a que nos lleva la Exhortación Apostólica del papa Francisco: La alegría del Evangelio . Podríamos decir que con ella ya se ha dicho todo. Podemos también, como educadores, preguntarnos por el cómo: ¿Cómo educar, cómo enseñar a ser felices?

El imperativo de ser felices se convierte hoy en algo que si no lo alcanzas, te sientes culpable. Eres el único, la única responsable de tu felicidad. Es la filosofía que se vive en los códigos de la sociedad de consumo, en los códigos del tener y del hacer. Produce para que puedas adquirir lo que te hace falta, sácale provecho a…, si no lo logras, existen muchos modos y artilugios (como los que te ofrecen las redes sociales, p.ej.), para alcanzarlo.

Los Evangelios son portadores de vida, de dicha y de alegría; desde sus primeras páginas, susurran la bienaventuranza de los primeros discípulos, pero sobre todo la de María Nuestra Señora.

También Juana de Lestonnac vivió algo parecido en su noche del Cister y la Historia de la Orden nos cuenta que las monjas la sorprendían cantando por el claustro. A veces me detengo a escuchar la música barroca, la música religiosa del s. XVII y trato de recuperar con la imaginación las melodías que ritmaban la plegaria y el corazón de Santa Juana y de sus primeras compañeras, trato de compenetrarme con la dicha que anidaba en sus corazones.

Lucas ha plasmado en los dos primeros capítulos de su Evangelio cuatro cantos y cuatro anuncios: anuncio a Zacarías, a María, a los pastores, a Simeón y a Ana. Todos ellos van acompañados de cantos: canta Zacarías, canta María, cantan los ángeles, cantan los dos ancianos en el Templo. En una época tan compleja como la nuestra, en la que todos los diagnósticos nos dicen que parece que se han perdido los rastros del cielo en la tierra, que la felicidad y la esperanza huyen de las palabras de los filósofos, sociólogos y periodistas, tenemos que preguntarnos de nuevo cómo devolver a nuestros días su rostro amable y gozoso y preguntarnos también por el cómo educar para la felicidad.

(...)

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Marta Inés Restrepo M. odn: religiosa de la Compañía de María, Doctora en Teología.

 

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