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Migrantes

El mes de diciembre Naciones Unidas celebra el día de los migrantes.

Diciembre 2014 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Justicia y Solidaridad

El tema no es fácil de tratar. No es fácil de tratar cuando los estados llamados ricos ponen sus intereses económicos y sociales por encima del derecho a la vida, y no a una vida cualquiera, el derecho a una vida digna. Porque la dignidad del ser humano, de todos los seres humanos, tendría que ser el centro de actuación de los gobiernos tanto de países del Norte como de países del Sur. Pero la política nos tiene acostumbrados a la inmediatez, a los resultados a corto plazo, puesto que un determinado partido político tiene que ganar las próximas elecciones. Y estamos viendo como los partidos, en el caso de Europa, más euroescépticos y más egocéntricos se dedican a vender odio a los inmigrantes y postulan cerrar fronteras. Y estos partidos están creciendo en intención de voto y en voto real de forma exponencial, como hemos visto recientemente en la Gran Bretaña y anteriormente en Grecia, Dinamarca, y otros muchos estados de la vieja Europa.

No sólo Europa intenta fortificarse. Estados Unidos también se resiste a abrir sus fronteras. Tan sólo hay que ver los problemas que está teniendo el presidente Obama con la Cámara de Representantes y el Senado para llevar a cabo una reforma que permita legalizar inmigrantes que se encuentran en situación irregular.
España ha construido una valla, cada vez más alta, para evitar la llegada de africanos por Ceuta y Melilla. Se suceden las imágenes donde vemos guardias civiles luchando con quienes intentan saltar la valla. A veces, hemos visto escenas de extrema violencia por parte de las fuerzas de seguridad. Como siempre, seguridad según para quien. También tenemos centros de internamiento de inmigrantes donde no se facilita la tarea de entidades humanitarias que velan por una cosa tan elemental como los derechos de las personas.


La memoria es débil. Europa se edificó los siglos XVIII, XIX y XX, gracias a los minerales, mucho oro y plata entre otros, a los productos de plantación, como el cacao, azúcar, café,…, y la mano de obra barata americana. Gracias también al ignominioso tráfico de esclavos africanos que eran enviados a América a trabajar a las plantaciones de algodón, tabaco o azúcar, principalmente, constituyendo una mano de obra más barata que la indígena, que había ido desapareciendo, diezmada por epidemias y trabajos forzados. Era el llamado comercio triangular (Europa-África-América). Y muchos europeos emigraron hacia América, África y Oceanía, Australia. Fronteras abiertas al expolio y fronteras abiertas a la inmigración.
Luís de Sebastián en su libro “África, pecado de Europa”, de recomendable lectura, acusa a Europa de la explotación sistemática del continente africano, de sus riquezas y de su población a manos de los europeos. Europa acabó con la agricultura tradicional africana, con la artesanía, con la estructura social, con… Y obligó a plantar productos de plantación y a importar, muy caros, cereales y otros alimentos.
Si los tres siglos anteriores fueron de una dominación clara, ocupación, ejército, administración europea, ahora es más sutil. Son las multinacionales las que explotan el petróleo, el aluminio, el coltan, el cobre, el cacao o los cacahuetes, y una gran diversidad de productos. Tal es la explotación que las poblaciones autóctonas, empobrecidas desde el exterior por empresas transnacionales y desde el interior por elites corruptas, no tienen más remedio que abandonar su tierra para buscar medios de subsistencia.
Si observamos un mapa de flujos de las migraciones actuales veremos que estos flujos salen de África, América Latina y Asia en dirección a los países del Norte, en especial Estados Unidos y Canadá y Unión Europea. Los mapas de flujos de los siglos anteriores, coincidiendo con la época del gran colonialismo, los flujos, millones de irlandeses, españoles, italianos, alemanes, ... se dirigen en sentido contrario. Los emigrantes eran los europeos, incluso desde los estados denominados ricos. La memoria es débil.

El Papa Francisco denuncia la implacable ley del capital. El inconfesable espíritu de codicia del mundo desarrollado. Y en Lampedusa, isla que recibe aludes de inmigrantes del continente africano, y muchos de ellos mueren en el intento de saltar a Europa, Francisco dice: "¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? Nadie. Todos respondemos: yo no he sido, yo no tengo nada que ver, deben de ser otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita". Francisco acuñó en Lampedusa una frase que sintetiza lo que él piensa sobre la forma de tratar la migración a escala mundial. Se ha producido, dijo, una globalización de la indiferencia.

Nos tenemos que preguntar por qué unos vivimos bien mientras otros malviven. La respuesta la tenemos en lo que he expuesto anteriormente: La explotación de los más fuertes sobre los débiles. Tenemos que sentirnos todos habitantes de un solo país: el planeta Tierra. Es un deber de justicia construir una sociedad mundial constituida por personas que ven respetada su dignidad humana. Como establece la Doctrina Social de la Iglesia, los bienes son de todos, están al servicio de todos y nadie puede tener el monopolio de la riqueza, ya sea en forma de minerales, de productos agrícolas, de trabajo o de capital.
 

Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.


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