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Los refugiados llaman a las puertas y al corazón de Europa

Desde el comienzo del conflicto armado en Siria, miles de personas se han visto obligadas a abandonar el país para huir de la violencia.

Septiembre 2015 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Justicia y Solidaridad

Hace unos diez años, preparando un power point sobre campos de refugiados, las cifras que se barajaban eran entre 13 y 14 millones de refugiados en el mundo. Una buena parte en África por los conflictos habituales en la región de los Grandes Lagos. Hoy hemos de sumar unos 20 millones más. Según ACNUR, el organismo de Naciones Unidas para los refugiados, hay unos 34 millones de refugiados sin contar otros tantos millones de desplazados. Cada día hay que sumar más de 42.000 refugiados.

En la categoría de refugiados entran todos aquéllos que cruzan la frontera de su país y piden asilo en otro país. Los desplazados son los que se trasladan dentro de las propias fronteras huyendo de los conflictos, habitualmente, bélicos.

Si un emigrante por causas económicas, como ser humano que es, merece ser acogido, un emigrante por causas políticas, un refugiado, tiene el derecho, derecho internacional y derecho humano, a ser aceptado en el estado al cual se ha dirigido. Porque es una persona que ha visto peligrar su vida y las vidas de sus parientes y amigos. Si es rechazado, ¿qué solución le queda?. Según la Convención de Ginebra de Naciones Unidas adoptada el 1951, toda persona que por causas políticas, religiosas, bélicas solicite asilo a un estado debe ser acogida.


Campo de Acnur para refugiados sirios en el norte de Iraq (Foto de Naciones Unidas)

Estamos asistiendo al terrible drama de Oriente Medio. Muchísimos cristianos y musulmanes están siendo masacrados por el integrismo islámico y por gobiernos dictatoriales. Las personas y sus culturas milenarias en proceso de desaparición. Las televisiones nos muestran sirios, afganos, iraquís, … que han tenido que huir, pagando a menudo suculentas cantidades a mafias que se dedican al tráfico de seres humanos. En el caso de Siria son fundamentalmente personas de clase media, muchas con títulos universitarios, las que han de abandonar su país. Unos 8 millones de sirios han abandonado su hogar y, de ellos, 4 millones han huido a otros estados. Su ruta habitual es Líbano, Turquía, patera, isla griega, continente europeo. Y a pesar del Calvario que han padecido y siguen padeciendo dirán: Gracias a Dios nosotros hemos salvado la vida.


Refugiados sirios

Y, ¿cómo reacciona Europa?. En muchos casos de una forma lamentable. De entrada no podemos obviar que los estados sobre los que recae, proporcionalmente, la mayor cantidad de refugiados son estados poco poblados, como Líbano, 25% de su población son refugiados, o Jordania. También, pero con mucha más población, Turquía e Irán han asumido importantes contingentes de refugiados. Más de 1.600.000 en el primer caso y casi un millón en el segundo. Se considera que el 86% de los refugiados se encuentran en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. No hay duda que en Europa el estado que asume una mayor cuota de refugiados es Alemania. Se estima que este año serán más de 800.000 los acogidos. Suecia también está dispuesta a seguir abriendo sus puertas. Otros estados como Gran Bretaña y España juegan un papel menor. Cuando escribo estas líneas, llega la noticia que Gran Bretaña y España aceptarán las cuotas que imponga la UE. 15.000 irán a España en lugar de los 1.500 a que se había comprometido. Resulta una enorme contradicción que el gobierno español presuma de haber superado la crisis y en cambio afirme no tener medios para acoger más refugiados. También asombra, por la falta de escrúpulos, la actitud de Hungría, Eslovaquia o Chequia. La canciller Merkel, a menudo tan denostada, hay que reconocer que ha jugado un importante papel en el tema. Y el ministro francés de Asuntos Exteriores, L. Fabius, criticó que se hable de los refugiados como si fueran mercancía.

En los últimos tiempos, las imágenes se suceden. Hemos visto miles de personas intentando acceder a los trenes que desde Budapest los han de trasladar a Berlín. O cadáveres de niños que han llegado a las playas del Mediterráneo oriental después de haber naufragado. O durmiendo en las cunetas de carreteras y caminos en Europa central. En el caso del niño ahogado en las playas de Turquía podemos afirmar que una imagen vale por mil imágenes.


Estación de Budapest (Agencia EFE)

Europa debe hacer un ejercicio de memoria histórica. Recordar los millones de desplazados y refugiados por sus dos guerras mundiales. Y Europa y el mundo deben recordar que, en buena medida, lo que ahora está pasando es consecuencia de guerras declaradas en su día por las grandes potencias: Estados Unidos y Gran Bretaña cuando decidieron la invasión de Iraq y Afganistán.

Por mis mejillas, y seguro que por las de los lectores, ha resbalado más de una lágrima. En especial cuando vimos niños muertos y pusimos nombre a las víctimas. Y así miles de personas con un rostro, nombre y apellidos. Ahora hay que pasar de la compasión a la acción. Una parte de Europa lo está haciendo. Ejemplar la actitud de muchos alemanes y austríacos al recibir a los refugiados. Por deber humanitario y por haber contribuido a radicalizar extremismos en Oriente Próximo, es urgente una respuesta al drama humano que se está produciendo en nuestras puertas en este mundo globalizado. Como dijo y repite el Papa Francisco, NO A LA GLOBALIZACIÓN DE LA INDIFERENCIA, SÍ A LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOLIDARIDAD.
 

Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.


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