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FISC: una vía de solidaridad internacional y de educación para el desarrollo

Angelines y Eduardo nos cuentan su experiencia de voluntariado con el FISC en las comunidades de la Compañía de María en Monvu y Bukavu, en la República Democrática del Congo.

Enero 2014 | Angelines y Eduardo (Zaragoza, España) | Justicia y Solidaridad

Este verano tuvimos la ocasión de compartir el mes de agosto con las comunidades de la Compañía de María en Monvu y Bukavu, en la República Democrática del Congo.
Viajamos como voluntarios de la Fundación Internacional de Solidaridad Compañía de María (FISC) para conocer de cerca algunos de los proyectos de cooperación al desarrollo financiados a través de esta Ongd en el Kivu Sur.
El objetivo de la visita era, en primer lugar, recoger información sobre la marcha de dichos proyectos y sus futuras necesidades, no como expertos en desarrollo, que no lo somos, sino como dos voluntarios cercanos a la Compañía de María, que intentábamos ver más allá de los aspectos exclusivamente técnicos. En segundo lugar queríamos compartir durante ese tiempo el trabajo y la vida de aquellos pueblos para poder contar a nuestra vuelta, desde la experiencia, lo que allí sucede, sus necesidades y sus esperanzas. Y en tercer lugar, convivir unas semanas con las hermanas de esas comunidades de la Compañía de María en el Congo.

Nos han pedido escribir nuestra opinión sobre la FISC como instrumento de la Compañía de María para la solidaridad. Lo que conocemos es sólo a través de nuestra sencilla labor de voluntarios y como padres de alumnos del colegio de La Enseñanza de Zaragoza. No podemos aportar una visión experta ni muy documentada, sólo podemos contar nuestras experiencias, las del Congo y Nicaragua y la de aquí en nuestro país.

En el Congo hemos visto a las hermanas trabajar y entregarse con una dedicación impresionante en proyectos de atención y desarrollo: administrando un hospital, varias escuelas, dos institutos, una escuela de enfermería, una residencia para jóvenes, liderando una mutualidad de solidaridad, sosteniendo a un grupo de mujeres portadoras del VIH, un centro-colegio de atención y promoción de personas con discapacidad, diseñando y gestionando proyectos y obras, y más… Todo esto en un país donde ni la enseñanza ni la sanidad son gratuitas, la pobreza es dominante, y los grupos armados y los cascos azules recuerdan la tragedia de la guerra reciente. Por eso no es extraño el gran respeto y admiración que la gente les profesa.

El año pasado estuvimos en Nicaragua colaborando en REDES DE SOLIDARIDAD, una Asociación nicaragüense de la Compañía situada en el barrio de Nueva Vida (Ciudad Sandino), donde la presencia de las hermanas es pequeña pero junto con el personal trabajador y cooperantes se sostiene un centro escolar, un dispensario, una escuela taller y diversas actividades encaminadas a la promoción comunitaria del barrio.

Es difícil desprenderse del encanto de Idjwi o de Nueva Vida cuando se ha conocido y convivido con su gente. Uno se queda esperando la ocasión de regresar para disfrutar de sus historias tristes y alegres, de su música y sus oraciones.

Hay que conocer la realidad y a la gente que vive en esas zonas del mundo, el papel que juegan las hermanas de la Compañía de María y el personal cooperante, para entender todo lo que aquí escuchamos sobre la solidaridad, la pobreza o el desarrollo.
Los pobladores de esas áreas empobrecidas necesitan a las religiosas y a las ONGDs que trabajan sobre el terreno, conviviendo y construyendo juntos.
Pero además, unos y otros necesitan de la solidaridad internacional: financiación, apoyo técnico y un mundo sensibilizado. Tal vez esto último sea la primera necesidad. Uno de los peores daños sufridos por el pueblo del Congo es el escaso interés que sus dramáticas guerras y la explotación de los “minerales de sangre” produce en los que vivimos aquí, en los países del norte.

A las experiencias en el Congo y Nicaragua querríamos añadir por último nuestra experiencia de solidaridad internacional aquí, en nuestro entorno, a través de algunas reflexiones.
Para empezar, podríamos preguntarnos: y nosotros, los que vivimos en estos países ricos -a pesar de las crisis- ¿qué necesitamos? En nuestra opinión, necesitamos conocer aquellas realidades, que nos interpelen y noqueen para salir de nuestro confortable letargo y ser sensibles, sentirnos verdaderamente hermanos de todos. Por eso necesitamos los testimonios, las campañas y los cauces de participación activa.

El papel de la FISC nos recuerda que, hace algunos años, fuimos invitados como padres de alumnos a participar, junto con otros seglares, en una sesión del Capítulo Provincial que trataba sobre la presencia de la Compañía en los colegios: ¿Tiene sentido actualmente la dedicación a la enseñanza en sociedades y barrios acomodados? Nuestra aportación fueron sólo otros interrogantes: “Siendo que hay que estar con los más pobres antes que nada, y al mismo tiempo colaborar en la construcción de una sociedad más justa (sensibilizar, educar y denunciar desde la experiencia de vivir la pobreza), ¿No sería erróneo renunciar a cualquier posibilidad de influir en la sociedad (qué mejor forma que con la educación)? Es aquello de ser voz y ser eficientes por fidelidad a los que se les niega y ser más para llegar a más. Entonces, más que el dónde tal vez la pregunta sería el cómo. ¿Cómo los colegios de la Compañía están siendo un instrumento eficaz para la educación en los valores cristianos y en la solidaridad?

En estas cuestiones sobre los colegios vemos un paralelismo y a la vez una confluencia con el papel de la FISC: la presencia en el terreno de la Compañía de María, imprescindible y evangélica, necesita del trabajo aquí de la FISC recabando el respaldo financiero y técnico para los proyectos, manteniendo una labor de sensibilización y educación para el desarrollo, colaborando con otras organizaciones en el despliegue de campañas de ámbito nacional e internacional (denuncia, sensibilización y emergencias), captando voluntarios y abriendo los cauces de participación.
¿Y dónde mejor, aunque no sólo, que en las comunidades de padres y alumnos de los colegios de la Compañía? Como decíamos antes, no aprovechar con la mayor eficacia posible la posibilidad que brindan estas comunidades en la tarea de solidaridad sería un error, incluso una infidelidad con los que esperan nuestra ayuda. Entonces la cuestión no sería tanto el papel de la FISC, que puede estar muy claro, sino cómo ésta, y los colegios, y las comunidades próximas a la Compañía de María, podemos ser más eficaces y coherentes con la tarea y el testimonio de solidaridad.

Para finalizar, retomamos unas recientes palabras del Papa Francisco: “Para la economía y los mercados la solidaridad es casi una palabrota”… la doctrina social de la Iglesia Católica puede "orientar a las personas y mantenerlas libres" ante unos mercados en los que "hace falta valor, una reflexión y la fuerza de la fe" para estar dentro y dejarse llevar por el deseo de garantizar la dignidad de la persona y no del "ídolo dinero".

 

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