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El desarrollo comprendido como “Construcción sociocultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizada”

Mayo 2015 | María Cecilia Múnera López (Colombia) | Justicia y Solidaridad

En este artículo centraré la atención en algunos elementos característicos del enfoque de desarrollo que hemos comprendido como proceso de “Construcción sociocultural múltiple, histórica y territorialmente contextualizada” . Para ello, tendré en cuenta la necesidad de entender el significado del término “desarrollo” y su aplicación a los procesos de la sociedad. En segundo lugar, abordaré los elementos que caracterizan en enfoque convencional o clásico del desarrollo, al que denominaré ‘primer enfoque’, haciendo énfasis en sus condiciones de origen, expansión y efectos en la sociedad y en la naturaleza. Luego plantearé los elementos fundamentales de la teoría de desarrollo conocida como “Desarrollo a Escala Humana”, en la cual reconoceré un ‘segundo enfoque’, para terminar, por último en una aproximación más detallada y profunda de lo que considero un ‘tercer enfoque’ que comprende el desarrollo como se denominó al principio.

Para el abordaje de este último enfoque, tendré en cuenta cuatro dimensiones que agrupan sus principales características, así como la identificación de lo que se ha denominado ‘ejes estructurantes’ de la propuesta. Cada característica y eje, serán definidos a partir de conceptos aportados por uno o varios autores.

Aproximación semántica y discursiva al desarrollo.

Desde la perspectiva semántica, la noción de desarrollo se relaciona con un proceso de transformación que parte de una situación inicial y llega a una situación final. Dicha noción está asociada a la de “desenvolver”, que alude a unas posibilidades intrínsecas de aquello que se transforma; por lo tanto el resultado del desarrollo está marcado desde el inicio.

Como noción, es notoria su adscripción inicial a las ciencias naturales y su utilización para comprender los procesos de transformación de los seres vivos. Cornelius Castoriadis lo expresa afirmando que “El desarrollo es el proceso mediante el cual el germen, el huevo, el embrión, se despliega, se abre, se extiende, en que el ser viviente en general llega a su estado de ‘madurez’ (Castoriadis, 1980: 211). Sin embargo, este concepto ha sido aplicado para dar cuenta de procedimientos no orgánicos, en algunos casos materiales y en otros abstractos. Se habla, por ejemplo, de ‘desarrollar’ una fotografía a partir de un negativo que contiene en sí mismo toda la información de una imagen; pero, igualmente de ‘desarrollar’ una idea, un proyecto, una obra, a partir de una intuición inicial.

Es claro entonces que existen elementos comunes en la aplicación de la noción a procesos materiales orgánicos y no orgánicos y a procesos abstractos: la determinación de una situación inicial que contiene todas las posibilidades de transformación de aquello que se va a desarrollar, el proceso de transformación y el resultado final.

Con relación a las potencialidades en su situación inicial, los seres orgánicos tienen su dotación desde el momento mismo de su origen biológico, a menos que hayan sido intervenidos genéticamente; lo mismo sucede con los entes materiales no orgánicos, cuya posibilidad de transformación está determinada y generalmente conocida desde el principio. En referencia a los entes abstractos, las potencialidades intrínsecas no son tan fáciles de determinar, pues siempre puede haber ideas latentes e intuiciones que no logran visualizarse ni explicitarse al inicio. En relación con los procesos de transformación, se resalta la importancia de tener en cuenta los elementos del ambiente para que las potencialidades evolucionen hacia su realización; así mismo se señala para algunos casos de transformaciones de entes no orgánicos, el requerimiento de avances tecnológicos específicos.

Por último, es importante analizar las finalidades posibles de los procesos de los tres tipos de entes. Para el caso de los entes orgánicos, la finalidad como posibilidad de transformación está marcada, en principio, por la naturaleza; se habla de una ‘equifinalidad’ o finalidad similar para organismos de una misma especie. Para los entes no orgánicos la posibilidad de transformación y resultado final está dado por la intención de quien dirige el proceso, además de sus condiciones iniciales, ambiente y recursos tecnológicos para realizarlo. Vale la pena resaltar que entre los entes materiales no orgánicos y los no materiales o abstractos, existe una diferencia dada por la existencia de condiciones materiales iniciales de los primeros, inexistente en muchos casos en los segundos.

Preguntemos ahora: ¿son los procesos de desarrollo de la sociedad, procesos naturales -orgánicos o inorgánicos- o procesos abstractos? La respuesta a la pregunta puede ayudarnos a comprender el sentido de la noción de desarrollo y sus implicaciones en las dinámicas de la sociedad.

En principio, se puede reconocer una base material para las dinámicas de transformación de la sociedad, pero a diferencia de los procesos orgánicos, la finalidad de éstos no está marcada por la naturaleza sino, como en el caso de los procesos no orgánicos, por los seres humanos. Ahora bien ¿se trata de procesos materiales o abstractos? Se podría aceptar una combinación de características de ambos procesos, teniendo presente que las finalidades de ellos son otorgadas por grupos humanos, los cuales deben tener presente las condiciones dadas en cada una de las sociedades.

A esta altura de la reflexión empiezan a aparecer situaciones problemáticas: en primer lugar, se generan inquietudes con respecto a definición de las finalidades u orientaciones del proceso: ¿qué tipo de finalidades se propone para el desarrollo de las sociedades? ¿Quién las propone? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Quiénes se benefician de ellas? En segundo lugar, se plantea la inquietud sobre la formulación de ideas en términos abstractos y las posibilidades de realizarlas a partir de situaciones concretas.

Concentremos la atención en la primera inquietud. La finalidad de los procesos de desarrollo se plantea en términos de orientación o de focalización de ellos; se estaría hablando del ‘focus’ o ‘foco’, como atractor y orientador del proceso. Si se logra identificar cuáles son esos atractores que jalonan las dinámicas de la sociedad, se estará planteando los enfoques de desarrollo.

A continuación haré referencia a tres enfoques de desarrollo, teniendo en cuenta las finalidades definidas o focos hacia los cuales se orientan los procesos.
 

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María Cecilia Múnera López: licenciada en Educación (Ciencias Sociales) por la Universidad Pontificia Bolivariana (Colombia); Magister en Coopération au Développement de la Université Libre de Bruxelles (Bélgica). Profesora Titular y Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Colombia. Investigadora y directora de la línea de investigación Desarrollo y Participación del grupo de investigación Escuela del Hábitat – CEHAP, Universidad Nacional de Colombia, reconocido por COLCIENCIAS. Docente en distintas Universidades. Autora de varios libros y artículos publicados en Revistas indexadas. Laica de la Compañía de María.

 

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