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¿Democracia?

A mediados de septiembre, Naciones Unidas celebra el día de la Democracia.

Octubre 2014 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Justicia y Solidaridad

Al verlo, lo primero que me vino a la cabeza fue una tira de Mafalda donde, la pequeña revolucionaria, busca el
significado de democracia y cuando lo encuentra, poder en manos del pueblo o soberanía del pueblo, desde que se levanta hasta que se acuesta, persiste en una risa compulsiva, ante la estupefacción de los padres. La ironía es evidente.

Nos deberíamos poner de acuerdo sobre qué es democracia.

Durante la Guerra Fría se entendía de forma muy diferente en cada uno de los bloques:
. Los países capitalistas, USA y Europa occidental sobre todo, la entendían como poder ir a votar. Era suficiente hacer unas elecciones más o menos correctas para calificar un Estado como democrático. Por tanto, se considera la democracia desde el punto de vista político y de las libertades formales, sin tener en cuenta la situación de la población económica y socialmente. También hay que decir que, normalmente protegidas por las democracias norteamericana y europeas, los años 60, 70 y 80 del siglo XX proliferaban las dictaduras, a menudo sangrientas, en América Latina, África y Asia.

. Los países socialistas, encabezados por la URSS y a continuación toda la Europa del Este, ponían el acento en la economía. Se consideraba que un Estado era democrático si la riqueza estaba repartida equitativamente. Lo que no evitaba que algunos miembros de los partidos comunistas se enriquecieran. Es verdad que toda la población tenía trabajo y no había miseria, ni tantas desigualdades como en occidente, aunque las condiciones de vida eran bastante duras. Y por supuesto eran regímenes de partido único, con una grave falta de libertades individuales y colectivas.

Es evidente que la democracia debe recoger los aspectos positivos de las dos posiciones: Libertades individuales y formales, expresión, reunión, asociación, prensa, garantías judiciales, ... y libertades políticas, y también hay que garantizar que todos los habitantes de un pueblo tengan las mismas posibilidades, puntos de partida similares. No me atrevo a decir iguales porque soy consciente de que esto sería muy utópico, pero sí que todo el mundo tenga acceso al estudio y por tanto en la universidad o una buena formación profesional. Sabiendo que nunca será igual la situación de aquél que puede acceder a un centro de estudios de gran reputación como Harvard que la del que se ha de conformar con un centro de menor categoría.

Para que la democracia sea auténtica es imprescindible que los hombres y mujeres de un país estén formados. Un pueblo con falta de formación es fácilmente manipulable. Por ello, se pone de ejemplo los países nórdicos. Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia son estados con mínimas desigualdades sociales gracias al alto grado de formación de sus ciudadanos. Es consecuencia de los impuestos que se pagan y que revierten en los ciudadanos equitativamente, con buenos sistemas da salud y educación. El Estado, como afirmaba Keynes, redistribuye la riqueza. Es en el llamado Estado del Bienestar donde podemos asegurar que reina la democracia o lo más parecido a la idea de democracia.

Derechos políticos y derechos sociales, equidad y no desigualdad, es la fórmula de la DEMOCRACIA en mayúsculas, democracia y ética.

Un mundo mejor es posible partiendo de los auténticos ideales democráticos y valores morales.
 

Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.


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