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Jóvenes y niños, último modelo

Una aproximación al mundo juvenil e infantil de hoy en día.

Septiembre 2014 | Carlos Iván Martínez Urrea (Bogotá, Colombia) | Jóvenes

Acercarse al mundo juvenil es de las experiencias más emocionantes y retadoras para todo educador o acompañante de la juventud. Los niños y jóvenes de nuestro tiempo tienen en su haber multiplicidad de facetas y encarnan las realidades de una cultura compleja, atomizada y veloz. En particular, los jóvenes y niños de la urbe tienen configuraciones lógicas y sensibilidades estéticas que rompen muchos paradigmas mantenidos hasta ahora, especialmente en lo referente al crecimiento. La sicología evolutiva, la educación, la pastoral de niños y jóvenes se ven fuertemente interpeladas por las nuevas generaciones que ven, los mismos interrogantes de la existencia pero de forma diferente, y lo más apasionante, los abordan y enfrentan de manera muy diversa a sus generaciones precedentes.

Aunque los matices acontecen, los niños y jóvenes de hoy son hijos de un mundo globalizado y las fronteras difícilmente están en su horizonte. La tecnología, que es su compañera de camino y cuyo “chip” viene inserto en sus genes de forma espectacular, les plantea unos alcances, solo limitados a la propia imaginación y creatividad. La Internet, la portabilidad de la información así como la hiperconectividad son sus gigantes aliados para interactuar con cualquier ciudadano de este planeta y más allá. Las cuatro paredes de los conjuntos cerrados citadinos se rompen para dar paso a un mundo sin limitaciones; aún en los entornos rurales, la tecnología los proyecta a las lógicas urbanas y acerca lo que antes estaba demasiado distante.

Los educadores modernos, muchos de ellos anclados en su “adultescencia” (término acuñado recientemente para definir adultos adolescentes o viceversa), se ven interpelados por unas generaciones más centradas en sí mismas y con fuerte tendencia a la intolerancia. Cuando las configuraciones familiares presentan no más de dos hijos con fuerte tendencia al hijo único, la atención que se le presta a estos por parte del núcleo familiar los hace sentir únicos en el mundo y el centro del universo. No son pocos los padres, que amando entrañablemente a sus hijos, los rodean de una burbuja y les impregnan el caprichoso sentimiento del egocentrismo. El “hijocentrismo” actual de muchos progenitores proyecta estilos de familia donde el hijo es el destinatario de los esfuerzos desmedidos de unos padres que se resisten a dejar partir a los hijos en los momentos que el crecimiento demanda real libertad, independencia y constructos de responsabilidad social.

Las formas como aprenden los niños y jóvenes actuales es sorprendente y cuestionadora para muchos modelos educativos. Su atención no obedece a los cánones tradicionales y su concentración está orientada a formas educativas muy diversas a las tradicionales del aula de clase. Discurso, tablero y esfero están fuertemente desplazados por iconografías virtuales, procesos heurísticos informáticos, decisiones en tiempo real, arrojo y temeridad. Aprender temas fundamentales para la existencia en el salón de clase, en la familia o en la catequesis dejaron de pesar en el historial de aprendizaje personal para pasar a las redes sociales, el centro comercial, el djk y la imbatible televisión.

Algo que sorprende y cuestiona a la vez, son sus formas de amar. Este terreno, complejo y apasionante de la existencia humana encuentra en los niños y jóvenes modelo siglo XXI, unos matices envidiablemente pragmáticos. Se vive una paradoja con todos sus matices. Los discursos de muchos jóvenes dan cuenta de búsquedas tradicionales. Las mujeres buscan un hombre que ya no hay y los hombres anhelan una mujer que no existe. A pesar de ello y allí está la paradoja, las relaciones tienen tintes de intensidad, fugacidad y simplismo. “Vivamos de todo, pero sin complicarnos” parece ser la actualización del “paz y amor” de los 60.

La relación con la autoridad, lo institucional y establecido adquiere otras aristas. La autonomía que concede la información está pasado factura a los procesos de socialización. En ocasiones se observan dos mundos paralelos. Uno, el que se vive dentro de las estructuras, donde se asumen roles de supervivencia, y otro, el que se vive en los entornos naturales juveniles. La ruptura con la obediencia y la autoridad es evidente, y cada día se reclaman más entornos socializadores democráticos, participativos y no impositivos. Los fenómenos sociales recientes que han tenido como protagonistas a los jóvenes en diversas partes del mundo son uno de los síntomas de una generación con alta capacidad de convocatoria y reacción, cuyos efectos aún desconocemos. Su experticia en lo virtual les da una posición ventajosa en un mundo que pretende ser dominado por poderes clásicos.

Como un carro último modelo, la actitud de muchos ante los niños y jóvenes de hoy puede ser, contemplarlo y dejarlo ir. Otros, por el contrario, pueden arriesgarse a subirse y disfrutar de sus bondades. Al igual que Felipe, en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 8, 26-40), donde se puso al lado del carruaje del funcionario de Candace y partiendo de sus preguntas y realidades logró que éste lo invitara a subir, nuestras propuestas a los más pequeños deben surgir de acercarnos, comprenderlos y valorarlos.
 

Carlos Iván Martínez Urrea: Vicerrector Fundación Universitaria Monserrate (Bogotá, Colombia).


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