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San Romero de América

Óscar Arnulfo Romero ha sido beatificado.

Septiembre 2015 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Espiritualidad

Todos los pueblos latinoamericanos ya lo habían, no beatificado, canonizado. Era para todos y sigue siéndolo: "San Romero de América". El Papa Francisco, después de la resistencia a hacerlo los papas anteriores, ha decidido su beatificación que debería dar paso a una rápida canonización. No sólo de él, también de todos los mártires de El Salvador y de otros pueblos del continente americano.



Nacido en 1917, fue nombrado arzobispo de San Salvador en febrero de 1977 por Pablo VI. Era considerado un clérigo culto, de biblioteca, que no se enteraba de lo que estaba sucediendo en su país. De hecho, la burguesía salvadoreña recibió su nombramiento con una alegría desbordante, pensando que podrían manipularlo sin problemas. En aquellos momentos El Salvador vivía una guerra civil terriblemente sangrienta. Como otros estados meso americanos la desigualdad social y la injusticia que ello comportaba clamaba al cielo. Una oligarquía formada por unas pocas familias, 14, dominaba el país. El pueblo, la inmensa mayoría de la población, vivía en una situación de pobreza insultante. El ejército, los paramilitares y la guerrilla asesinaban sin tregua, en especial ejército y paramilitares que venían a ser lo mismo. Y Romero, en unos primeros momentos, dio la impresión de que legitimaría la actuación del gobierno y de la burguesía.

Fue el asesinato, a manos de la Guardia Nacional, del jesuita P. Rutilio Grande, muy amigo de Mn. Romero, lo que le abrió los ojos a la pesadilla que vivía la población salvadoreña. Fue el punto de inflexión. Supuso la conversión de Romero a la causa de los justos y de los oprimidos. Con el P. Rutilio murieron un hombre de 72 años y un chico de 16. Mn. Romero dispuso que el domingo no se haría ninguna misa en El Salvador, tan sólo una en la catedral por los tres asesinados. A la misa asistieron 150 sacerdotes y más de 100.000 personas. Un fragmento de la homilía muestra de forma explícita la ideosincrasia de Romero: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el Padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la Misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos, no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor y precisamente porque es amor lo que nos inspira, hermanos. ¿Quién sabe si las manos criminales que cayeron ya en la excomunión están escuchando en un radio allá en su escondrijo, en su conciencia, esta palabra? Queremos decirles, hermanos criminales, que los amamos y que le pedimos a Dios el arrepentimiento para sus corazones, porque la Iglesia no es capaz de odiar, no tiene enemigos. Solamente son enemigos, los que se le quieren declarar; pero ella los ama y muere como Cristo: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”. Aquí se inició el calvario particular del arzobispo.

 
El Papa Francisco le confima a Nayib Bukele, alcalde de San Salvador, la beatificación de Rutilio Grande.

En varias ocasiones fue llamado al Vaticano por su actuación en El Salvador, sospechosa de marxismo. Los cardenales de la curia le criticaban mientras Pablo VI lo apoyaba. Cuando llegó Juan Pablo II al pontificado la situación cambió y se volvió más crítica para Romero.

Que estaba dispuesto al martirio lo demuestra el hecho que tuvo lugar en Aguilares, en la Parroquia del P. Grande. El ejército había ocupado el templo, había esparcido las hostias consagradas por tierra y las había pisado. Mn. Romero decidió ir. Entró en el templo y comenzó a recoger las sagradas formas que había en el suelo. Le sacaron de su iglesia. Pero volvió a entrar y a recogerlas. Poco tiempo tuvo. Las balas de las ametralladoras silbaban alrededor y volvió a ser expulsado. Entonces circulaba la consigna: “Sea patriota mate un cura”.

Recibió dos doctorados honoris causa, uno en la universidad de los jesuitas de Georgetown, en EEUU, otro en la universidad católica de Lovaina, Bélgica. Y parlamentarios británicos lo propusieron para Premio Nobel de la Paz.
Cada domingo, el arzobispo, al final de la homilía, hablaba de la situación en el país. Era prácticamente la única voz libre que se oía en los medios de comunicación. Sobre el altar un teléfono hacía llegar sus palabras a los lugares más recónditos del país. Los campesinos le seguían con gran interés.

El domingo de Ramos de 1980, Romero hacía su última homilía. Con sus palabras firmaba la sentencia de muerte: "A los hombres del Ejército, ... hermanos ... ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios, ... recuperen su conciencia, ... en nombre de Dios ... les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión ". Horas después era asesinado celebrando misa en la capilla de las religiosas del Hospital de la Divina Providencia.


Mn. Romero asesinado durante la celebración de la eucaristía, marzo-1980.

El autor material fue Marino Samayor Acosta, subsargento de la sección II de la extinta Guardia Nacional, y miembro del equipo de seguridad del ex presidente de la República, que manifestó que la orden para cometer el crimen la recibió del Mayor Roberto d'Aubuisson, creador de los escuadrones de la muerte y fundador de ARENA, partido de ultraderecha, y del coronel Arturo Armando Molina. Samayor Acosta habría recibido 114 dólares para realizar esta acción. Marisa d’Aubuisson, hermana de Roberto d'Aubuisson pero crítica con su forma de pensar, creó años más tarde la fundación que promovió la beatificación del obispo salvadoreño.



A su tumba van los salvadoreños a rezar y a rogar. Juan Pablo II en una visita a San Salvador y ante la tumba exclamó: "No manipulen la figura de Monseñor Romero". Evidentemente no que manipularla. Su mensaje es el del Concilio Vaticano II cuando declaró que la Iglesia hacía una opción preferencial por los pobres. Su mensaje es el de los evangelios, junto a los pobres y marginados y abierto siempre al perdón.

 
Tumba de Mn. Romero                          Manifestación pro canonización

San Romero de América, San Romero del mundo. Personas como tú hacen posible que el Reino de Dios empiece ya aquí y que el mensaje cristiano y el mandamiento del amor llegue a todas las regiones del mundo.
 

Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.


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