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Llamados a ser portadores de esperanza

Reflexión para el Adviento.

Noviembre 2014 | P. Alberto Ramírez Z. (Medellín (Colombia) | Espiritualidad

Llega a su fin el año litúrgico de la Iglesia y comienza un nuevo año con la celebración del tiempo del adviento. En ambos momentos, el del final del año que termina y el del principio del año que comienza, se nos invita a dirigir nuestra mirada hacia el futuro y a despertar en nosotros, en relación con él, la actitud de la esperanza. Ambos momentos nos remiten al futuro y en este sentido están estrechamente relacionados el uno con el otro: el final del año que se caracteriza por el pensamiento de la espera de la Parusía (la segunda venida del Señor), y el comienzo del año litúrgico que celebramos como preparación de la Navidad (la primera venida del Señor). Caminamos de esperanza en esperanza.

Nos llena de alegría poder vivir nuestra vida con esta actitud y poder acoger una vez más la invitación que se nos hace para ser en el mundo portadores de esperanza. Es éste el llamamiento que nos hace siempre la Iglesia y que nos ha hecho recientemente el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. La alegría para recibir el evangelio y para comunicarlo tiene como fundamento la esperanza. Quien experimenta en su corazón la alegría del evangelio no puede tener, frente al futuro, una actitud diferente a la de la confianza. Es algo que tiene fundamentos teologales: es cierto que el Dios en quien creemos es el de siempre, el de todos los tiempos y por lo tanto también el de los tiempos ya cumplidos; pero también lo es que, según la revelación de Jesús, nuestro Dios es en definitiva el Dios del futuro, que está siempre por venir. El Dios del amor infinito, según la revelación de Jesús. No hay nada por lo tanto que temer. En el mensaje de la buena nueva de Jesús es constante la invitación a la confianza: “No temáis”.

Las celebraciones de la Iglesia en este tiempo están todas iluminadas por este pensamiento. Los textos bíblicos cuya lectura nos propone la liturgia están con frecuencia inspirados en los oráculos proféticos que nos anuncian el cumplimiento de la esperanza mesiánica, una esperanza que nos hace soñar con un futuro de salvación. Las descripciones de ese tiempo por venir que ellos nos proponen son realmente eso: la expresión de lo que en nuestros sueños constituye un paraíso, pero sobre todo el anuncio de la posibilidad de que ellos se pueden hacer realidad en plenitud. El Dios que hace posible este futuro es el Dios del adviento, el Dios en quien nosotros podemos fundamentar nuestra esperanza.

(...)


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P. Alberto Ramírez Z:  Doctor en Teología. Profesor del Instituto Pastoral del Celam y de la Universidad Pontificia bolivariana. Medellín (Colombia).



 

 

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