© 2016 NEWSODN Compagnia di Maria Nostra Signora
  • Martes, 22 Agosto 2017
  • María Reina

¿La religión permea la cultura?

Al contemplar la realidad de hoy, es difícil comprender cómo un mundo que en su mayoría se declara “religioso” en sus prácticas es tan violento.

Mayo 2015 | Marysol Franco Echeverri, odn (Colombia) | Espiritualidad

El concepto de cultura tradicionalmente se ha comprendido como “cultivo del espíritu humano” que se traduce en costumbres, prácticas, rituales, valores que consolidan la identidad de un grupo.

En otro momento histórico resultaba fácil clasificar las culturas tanto a nivel general (cultura occidental y cultura oriental) como particular (cultura indígena, latinoamericana, “afro”, “carioca”, “paisa”.) ya que existían rasgos comunes que permitían ser identificadas por su manera de comprender el mundo y ubicarse en él desde una “misma” perspectiva.

Actualmente, como efecto de la globalización es difícil determinar las líneas divisorias entre una cultura y otra, “se acusa a la globalización de querer homogeneizar las culturas, sometiéndolas todas a la cultura capitalista de corte americano”, no queriendo con esta afirmación desconocer que aún existen culturas que en medio de todos los procesos históricos que se han vivido a nivel global, conservan su identidad.

Al abordar el tema de la religión pasa algo semejante. Con el proceso de secularización, la sociedad occidental gana autonomía con relación a la religión. El papel de suplencia que venía ejerciendo la Iglesia en diferentes ámbitos: políticos, artísticos, éticos, “permeaba” de manera “visible” la cultura. La unión de política y religión hizo que se impusiera la visión “cristiana” en esta parte del mundo y desde ella, se marcara una serie de símbolos, celebraciones, representaciones artísticas, que permanecen hasta hoy pero que han ido perdiendo su fuerza originaria por ser el resultado -en gran medida-, no de una evangelización libre sino “impuesta”, lo cual para la conciencia de las personas de este siglo es absurdo y carente de sentido.

En la modernidad, el ser humano empieza a repensar el mundo (cultura, educación, religión, arte) a partir de él mismo y asume la tarea de irlo construyendo de la mejor manera posible. Al dejar de tener la sociedad una dirección prevalentemente religiosa, la cultura se tornó más independiente. Ya no se tiene necesariamente una justificación religiosa sino que el ser humano se ve interpelado a buscar otros argumentos existenciales que respondan a sus necesidades vitales y a sus búsquedas de Trascendencia desde otras esferas, no necesariamente vinculándose a una religión particular, y si lo hace, encuentra muchas ofertas, es libre para adherirse voluntariamente a aquella que responda a su deseo interior. La religión deja de ser algo impuesto que permea “visiblemente” la cultura y pasa a ser una opción entre muchas otras.

Teniendo en cuenta este panorama, cabe preguntarse si efectivamente la religión permea la cultura y de qué manera lo hace. Al contemplar la realidad de hoy, es difícil comprender cómo un mundo que en su mayoría se declara “religioso” en sus prácticas es tan violento. Cómo entender que la diversidad de tradiciones religiosas que en “teoría” buscan una relación con un ser “Trascendente” y desean vivir la justicia, en la “práctica “excluyan la diferencia y justifiquen la guerra?

¿Qué le puede decir a un joven de hoy, cansado de argumentos racionales, de imaginarios colectivos, de soledad y sin sentido, un grupo de personas que se reúnen en un lugar “sagrado”(templo, mezquita, sinagoga), con un texto “ inspirador” (Biblia, Torá, Coram), para celebrar en “comunidad” lo que se profesa con palabras pero no siempre se traduce en obras concretas de justicia?

Para poder permear con “sentido” la cultura, las diversas tradiciones religiosas deben entrar en diálogo con ella; comprender el momento histórico que se está viviendo; entender que no son más instituciones hegemónicas; reducir las distancias que impiden ver la realidad como está aconteciendo en la esquina, en el bus, en la universidad, en los barrios y hacerse solidarias no sólo con campañas, diezmos y ofrendas sino con sus vidas.

Si las religiones quieren impactar la cultura primero tienen que impactarse ellas mismas, propiciar espacios de conocimiento interior, de análisis de realidad que lleven a verdaderas conversiones, no sólo cumplir con un requisito para ser partícipes de algo que ya está dado, sino dejarse afectar, tocar por lo humano y hacer parte de esas pequeñas comunidades desde dentro, no como un espectador más sino como una “piedra viva”.

(...)

Leer artículo entero

Marysol Franco Echeverri, odn: Religiosa de la Compañía de María. Colombiana. Licenciada en educación y bachiller en Teología.

 

 

AÑADIR COMENTARIO

1 Comentarios

liliana dice:
Muchas gracias. Me gustó mucho el artículo. Realmente, tiene que haber coherencia entre la fe y la vida. Un abrazo