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Dios es amor

Junio 2015 | María Claustre Solé, odn (Barcelona, España) | Espiritualidad

La experiencia nos dice que “amor” y “amar” son las palabras más comunes y más entrañables del lenguaje, accesibles a todos los hombres y mujeres de todos los lugares, en todos los tiempos y en las diferentes culturas. En efecto, el ser humano crece, se realiza y encuentra su felicidad en el amor; el fin de su existencia es amar.

La confianza está en íntima relación con el amor y sólo el amor puede proporcionarnos el gozo de vivir. En la confianza que nace del amor nuestra vida se unifica, se humaniza, se plenifica. Así nos lo demuestran las personas que han hecho del amor su programa de vida. Ya decía San Agustín: Ama y haz lo que quieras o Teresa de Jesús al afirmar que la vida cristiana no está en pensar mucho, sino en amar mucho. Más recientemente también lo entendió y vivió así la M. Coínta Jáuregui, que fue capaz de traducirlo en el servicio cotidiano considerado por ella el amor hecho detalle o detalles del amor.

El tema del amor está presente a diario en nuestro mundo a través de los mass media pero, a menudo ¡cuántas manipulaciones, condicionamientos y chantajes se dan en este terreno! ¿Por qué es tan difícil para muchas personas satisfacer esta necesidad vital que nos permite crecer, madurar y, en definitiva, sentirnos realizados y felices? ¿Por qué el amor va a menudo enlazado con tanto dolor y frustración? Cuando nos falta el amor recurrimos a sucedáneos y las cosas materiales devienen cada vez más y más importantes. Estamos en una sociedad en que casi todo tiene un precio, pero, el amor no puede ser comprado ni vendido, ni robado ni exigido. Con bastante frecuencia vivimos un amor que espera recibir algo a cambio, que ama porque se siente atraído por el objeto amado y lo ama precisamente por esto. El verdadero amor sólo puede ser ofrecido y aceptado, regalado y recibido, en y desde la libertad.

La psicología nos dice que no podemos amar a los demás si no empezamos por amarnos a nosotros mismos y no podemos amarnos a nosotros mismos si antes no nos hemos sentido amados, queridos entrañablemente. Aquí está la clave. Convertirse al Amor implica aprender a amar gratuitamente: ser mano que se extiende para dar, sin esperar nada a cambio.
 

(...)

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María Claustre Solé, odn: religiosa de la Compañía de María. Doctora en Teología, especialidad en Sagrada Escritura, profesora en la Facultad de Teología de Catalunya y del Instituto de Ciencias Religiosas de Barcelona.

 

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1 Comentarios

Gloria cecilia Londoño ciro dice:
Maria Claustre, me ha gustado el enfoque de tu artículo sobre el amor de Dios y el amor a los demás incluyéndonos nosotras mismas. es un amor abierto a otros y pienso que es necesario fortalecer las experiencias gratuitas de amor de tal manera que demos testimonio del gozo de amar y no solo de presentar el costo del amor o el sufrir cuando se ama. Para mí, amar va unido a la experiencia de gozo como la imagen de la novia en Cantar de los cantares o en los poetas de los poetas. Nuestro mundo requiere volver a las dimensiones de trascendencia que se dan cuando se ama y se da una entrega generosa al otro, capaz de ir más allá de los propios horizontes. Gloria Cecilia,odn, desde Colombia