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Decretum super virtutibus Sierva de Dios Coínta Jáuregui Osés

Religiosa Profesa de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora (1875-1954)

Junio 2015 | Espiritualidad

 DECRETUM SUPER VIRTUTIBUS

«El amor no acaba nunca» (I Cor13,8).

Estas palabras sobre la caridad de la Carta a los Corintios, resonaron en el corazón de la Sierva de Dios Coínta Jáuregui Osés cuando pedía al Señor que infundiera en ella “las delicadezas de la caridad”. Su manera de ser y de situarse en la vida, dejaron una honda huella en quienes la conocieron y por ello proclamaron que era una mujer santa. Coínta irradiaba paciencia, abnegación y entrega sin reservas, siempre con una humildad que la hacía muy humana y, al mismo tiempo, poseedora de una sabiduría que sólo tienen quienes se sienten plenificados por alguien que les trasciende.

La Sierva de Dios nació en el pueblo navarro de Falces, el 8 de febrero de 1875. Vivió en la España de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, una época marcada por el contraste entre grandes avances científicos y tecnológicos y enormes retrocesos causados por dos guerras mundiales y la guerra civil española. En este contexto se fue forjando su ser.

En plena juventud había ido descubriendo a Dios como el amor de su corazón, el único que podía devolverle al mundo el sentido en medio de la destrucción y la violencia. Enamorada del Señor dejó todo para seguirle y encontró en la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora y en su misión educativa, el cauce para hacer realidad sus deseos de servicio y entrega.

Coínta había recibido una educación integral impartida por las religiosas, fundadas por Santa Juana de Lestonnac, de las que quería ahora formar parte. Deseaba poner todo su empeño en el compromiso de evangelizar a las jóvenes a través de una educación que respondiera a los desafíos que la sociedad presentaba en este momento. La Virgen María era el modelo de mujer que ella quería ser y el que quería mostrar a otras mujeres. El día 18 de octubre de 1893, ingresó en la comunidad de Tudela para comenzar su formación como religiosa.

A lo largo de su vida desempeñó diferentes servicios: clases a las niñas y jóvenes, gobierno, administración, formación… y en todos supo conjugar dulzura y firmeza, valentía y generosidad, humildad y fortaleza. Las muchas generaciones a las que educó la recordarían siempre por su bondad y por la finura de su trato.

El 17 de noviembre de 1899 fue una de las religiosas que salieron de Tudela camino de Talavera de la Reina, donde fundaron una nueva casa de la Orden. Fue Superiora de esta Casa de 1915 a 1921 y de 1925 a 1928. En 1931 fue enviada a Limoges, Francia, para conocer la experiencia de esta comunidad, que había sobrevivido a la inestabilidad política y a la persecución religiosa. A su regreso conoció las comunidades de Orduña y San Sebastián. Dejó en estos lugares el recuerdo de su humildad y de su caridad exquisita. Al llegar a su destino fue nombrada nuevamente superiora, desempeñó este servicio de 1932 a 1940.

Con la sabiduría que brota de una entrega incondicional, afrontó las dificultades que se hicieron sentir con fuerza cuando la guerra llegó hasta Talavera de la Reina. Desde el 5 de septiembre de 1936 hasta el 13 de noviembre de 1939, ella y su comunidad tuvieron que abandonar el convento, que fue transformado en hospital para atender y acompañar a los heridos en combate. En ese período se ideó la marcha de algunas religiosas a Badajoz y Coínta impulsó la apertura de un colegio en esta ciudad.

La Sierva de Dios, con valentía y tesón, había formado parte del grupo -incluso en algún momento lo lideró- que se oponía a la unión de todas las Casas de la Orden; su bandera era entonces la fidelidad a los orígenes y a la tradición. Sin embargo, con la misma valentía y por su amor a la verdad, supo más tarde acoger la luz que Dios le ofrecía para comprender, a través del conocimiento de otras realidades y en medio de circunstancias difíciles, que la unión que se seguía buscando en aquellos momentos en la Compañía y en la Iglesia era el querer del Señor. Sin importarle las críticas e incomprensiones, no dudó entonces en retractarse y unirse, en junio de 1941, a lo que antes había combatido.

Este hecho, que marcó la última etapa de su vida, le exigió un arduo desarraigo de la comunidad de Talavera. Fue enviada a la Casa de San Sebastián donde ya se habían efectuado un tiempo atrás los cambios promovidos, desde 1921 formaba parte de la Unión. Allí dio grandes pruebas de humildad sirviendo en la medida de sus fuerzas que ya iban disminuyendo, irradiando siempre bondad, comprensión y paciencia. En pocos años su santidad fue percibida por quienes estuvieron cerca y por las hermanas que la acompañaron hasta el final.

Madre Coínta muere en San Sebastián el 17 de enero de 1954. Conocida la noticia, comenzaron a llegar numerosas manifestaciones escritas que reflejaban un sentir común sobre la santidad de su vida. Todos habían comprendido por su testimonio que es el amor lo que hace a los santos, lo que hace que el mundo descubra en ellos el verdadero rostro del Dios. En lo cotidiano, en los gestos sencillos de cada día, había sido una religiosa extraordinaria. Muchos empezaron a encomendarse a ella y a sentirse favorecidos por su intercesión.

Por esto, el 7 de enero de 1982 se introdujo la Causa. Entre 1982-1983, ante la Curia Episcopal de San Sebastián, se realizó el Proceso Informativo y el 21 de diciembre de 1984 se obtuvo el decreto sobre la validez del mismo de la Congregación para la Causa de los Santos. La Positio se preparó, de acuerdo con el modo habitual, para presentar el ejercicio en grado heroico de las virtudes de la Sierva de Dios. El 8 de octubre de 2013, se realizó con resultado positivo el Congreso de los Consultores Teólogos. En la Sesión Ordinaria del 20 de enero de 2015, dirigida por mí, Angelus Card. Amato, los Cardenales y Obispos han reconocido que la Sierva de Dios ha vivido en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y otras anexas a estas.

Finalmente, realizado un informe detallado acerca de todas estas cosas por el infrascrito Cardenal Prefecto, para el Santo Padre Francisco, Su Santidad, aceptando los votos de la Congregación para las Causas de los Santos y habiéndolos ratificado, en este día ha declarado: Que consta la heroicidad de las virtudes teologales fe, esperanza y caridad tanto hacia Dios como hacia el prójimo y de las virtudes cardinales prudencia, justicia, templanza y fortaleza, y las otras virtudes anexas a estas, de la Sierva de Dios Coínta Jáuregui Osés, religiosa profesa de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora, para el caso y a los efectos en cuestión.

El Sumo Pontífice ha ordenado que este decreto se publique y que se incluya en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el día 22 del mes de enero del año del Señor 2015.

 


ANGELUS Card. AMATO, S. D. B.
Praefectus

 

+ MARCELLUS BARTOLUCCI
Archiep. tit. Mevaniensis
a Secretis

 

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