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Buscar nuevos modos de tender la mano

"Tender la mano es una expresión de la totalidad del ser que se compromete en el movimiento de ayuda, de apoyo, de solidaridad."

Mayo 2014 | Carmiña Navia Velasco (Colombia) | Espiritualidad

Entra y les dice: “¿Por qué alborotan y lloran?
La niña no ha muerto, está dormida”.
Y tomando la mano de la niña, le dice:
“Talitá Kum, que quiere decir:
muchacha, a ti te digo, ¡levántate!”
La muchacha se levantó al instante…
(Marcos 5, 39-42)

Nuestro mundo ha llegado de tal manera a estar quebrado y enfermo, que un horizonte utópico de transformación social y económica se distancia cada vez más en el horizonte. Entretanto miles y miles mueren o son pisoteados y pisoteadas sin que la luz de la esperanza ilumine sus vidas. En medio de esta realidad se hacen urgentes y necesarias manos que sean tendidas, manos que acojan, pero sobre todo que sanen.

Hombres y mujeres del siglo XXI caminamos con la tristeza al hombro, y arrastramos las heridas de una sociedad construida sobre la injusticia, el dolor, el atropello de los otros y las otras. En la actual organización del mundo y en sus tendencias más dominantes se vislumbra un mañana en el que la injusticia y la exclusión serán aún mayores que las que vivimos hoy.

En este que es nuestro hoy ¿cómo generar vida? ¿Cómo posibilitar amor, acogida, liberación, sanación, perdón y reconciliación? ¿Cómo, en medio de tanta algarabía de la muerte, tender manos que hagan posible la vida?

El texto del Evangelio de Marcos, con el que hemos abierto la reflexión, nos puede servir de guía en esta tarea de encontrar nuevos modos de tender nuestras manos…

Jesús camina en medio de la gente, va de un lado a otro, es requerido por muchos y por muchas en medio de la vida cotidiana y las enfermedades y dolores de quienes le rodean. Lleva adelante su misión, su anuncio… y es interrumpido constantemente por las llamadas de mujeres y hombres que necesitan manos que se tiendan hacia ellos y ellas en medio de su angustia.

Jesús camina, dejándose tocar, dejándose llamar y extendiendo sus manos para con ellas transmitir la vida de Dios. Las manos de Jesús de Nazaret, son manos tendidas hacia la vida, en medio de esa confusión de lloros y temores en los que se afirma que la muerte ha triunfado. Y por supuesto, son manos tendidas desde los espacios liminales de su propia sociedad.

Para poder tender lazos y manos en nuestro mundo actual, hemos de partir de una premisa: la afirmación constante y permanente de la vida sobre cualquier tipo de muerte. En el modelo de capitalismo y globalización que vivimos hoy, muchas veces estamos involucrados e involucradas, sin mucha conciencia, en dinámicas que producen muerte: muerte directa por medio de las guerras y el hambre… o simulacros de vida que más de una vez conducen a la desesperación y al sinsentido.

Afirmar la vida, con gestos y palabras, significa en primer lugar redescubrir el sentido mismo de esa vida que se nos va y se nos arrebata. Significa potenciar toda experiencia alternativa que se resiste a las imposiciones y parámetros de la dinámica excluyente y alienante de la globalización. Significa denunciar como mal, como pecado, todo aquello que arrebata o menoscaba las posibilidades de vida. Significa reforzar y alimentar todos los gérmenes de amor, de sororidad, de acogida y ternura que se dan en nuestras sociedades.

En el pasaje que estamos mirando, Jesús entra en la casa y, en contra del sentir general y de quienes afirman la muerte, anuncia la vida: Ella no ha muerto, sólo duerme. Su actitud supone valentía, convicción, certeza de que Dios actúa aún en medio de las condiciones más difíciles.

Pero su gesto más clave y definitivo es ese tender la mano. Es a partir de él que Jesús transmite la vida y vence la muerte. Su invitación: Muchacha levántate, va acompañada del gesto que transmite la energía y la fuerza necesarias para vencer las resistencias de la enfermedad y de la muerte, e incorporarse a una nueva dinámica de vida.

Hay tantos cuerpos de hombres, pero especialmente de mujeres en los bordes de nuestras sociedades, que esperan la energía necesaria que viene de una mano tendida… Son tantas y tantas las manos que debemos y podemos tender…

Hoy, con la conciencia que tenemos de la importancia del ser en su totalidad, del cuerpo en su integridad… tender la mano es una expresión de la totalidad del ser que se compromete en el movimiento de ayuda, de apoyo, de solidaridad.

Tender la manos a los desplazados, desplazadas…, tender la mano a esos millones de pobres que deambulan por las ciudades… tender la mano a la mujer víctima del patriarcalismo y de la violación…, tender la mano a jóvenes desorientados, no conscientes de su propia valía…, a jóvenes que ni siquiera buscan, porque buscar supone una previa aceptación de sus personas y destinos, aceptación que no tienen…, tender la mano a los y las migrantes, que pueblan las ciudades del mundo rico.

Me parece importante que las instituciones religiosas miren hacia sus propias raíces y en ellas encuentren respuestas para los desafíos de hoy. Es indudable que la Compañía de María, encontrará en Juana de Lestonnac y en su propio proyecto educativo pistas para ese tender la mano hoy.

También es verdad que apostar por los últimos y las últimas, tenderles la mano educativamente, supone tal vez revolucionar los proyectos educativos. Dejo para su reflexión algunos retos que se nos plantean:

  • Concebir la educación como un proyecto que cobije a toda la familia, o a lo que quede de familia en el caso de estructuras familiares muy rotas.
  • Priorizar a las mujeres en sus situaciones reales… es decir, embarazos prematuros, adolescentes sin estudio, riesgos de calle o de prostitución y droga.
  • Diseñar proyectos educativos que de alguna manera puedan llegar a la calle, desde una reflexión que profundice nuestro conocimiento de lo urbano, de sus leyes y sus dinámicas actuales.
     
Carmiña Navia Velasco: Poeta y ensayista. Miembro de la Institución Javeriana. Profesora de literatura en la Universidad del Valle. Miembro del Colectivo ecuménico de Biblistas. Cofundadora del Centro Cutural Popular Meléndez. Colaboradora de la revista Utopías (Colombia).


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