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Laudato Si - Alabado Seas

II (Capítulos del 4 al 6 y conclusión)

Enero 2016 | Joaquim Alsina (Barcelona, España) | Justice and Solidarity

Seguimos, tal como hicimos en el primer artículo, exponiendo los aspectos más importantes de la encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Rica en contenido y clara muestra de lo que piensa el Obispo de Roma sobre el tema. Sin detenernos capítulo a capítulo, ya que todos los apartados están interrelacionados.

 
Barrio del Estero-Guayaquil-Ecuador 

Una ecología integral.
Es imprescindible buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. Hay una única crisis socio-ambiental. Las soluciones requieren aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza. Es necesaria una ecología económica porque la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo. Y una ecología social, necesariamente institucional, que alcanza la familia, la comunidad local, la nación y la vida internacional. Todo lo que dañe, en esos niveles, las relaciones humanas entraña efectos nocivos, como la pérdida de la libertad, la injusticia y la violencia.


Cultura Maya-Tikal-Guatemala 

Una ecología cultural. Amenazado el patrimonio natural, también está amenazado el patrimonio histórico, artístico y cultural. Parte de la identidad común de un lugar y una base para construir una ciudad habitable. No se puede mejorar el medio destruyendo comunidades y culturas locales. Hay que incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original. Ecología supone cuidado de las culturas locales, en su sentido vivo, dinámico y participativo, no alterar la forma de relacionarse el ser humano con el medio. El peligro de perder culturas existe a causa de una economía globalizada que tiende a homogeneizar todas las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, tesoro de la humanidad. Hay que incorporar los derechos de los pueblos, y deben ser esos pueblos, según su propia cultura, los agentes para mejorar su calidad de vida. La calidad de vida no se puede imponer desde fuera. La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie vegetal o animal. Imponer un estilo de vida hegemónico basado en una forma de producción puede ser tan dañino como la alteración de los ecosistemas. Para los aborígenes la tierra no es un bien económico, sino un don de Dios y de los antepasados. Intolerables las presiones para hacerles abandonar sus tierras en beneficio de grandes proyectos extractivos y agropecuarios que Barrio suburbial de Santiago de Chile degradan la cultura y la naturaleza.


Barrio suburbial de Santiago de Chile

La población tiende a concentrarse en grandes núcleos urbanos que sólo pueden funcionar bien si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas. Pero a menudo, la carencia extrema conlleva comportamientos inhumanos, anonimato social, sensación de desarraigo que favorece conductas antisociales y violencia. Hay que cuidar los lugares comunes, así tendremos el sentimiento de estar en casa. La posesión de la vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas. No se trata de erradicar y expulsar, se trata de urbanizar barrios. Si en las ciudades se viven muchas situaciones dramáticas, no lo son menos las que se viven en zonas rurales, sin servicios esenciales y a veces en condiciones de esclavitud, sin derechos.


Bananos, mangos,…-R. Dominicana

Por encima de todo, el principio del bien común que mira por el desarrollo integral de la persona y aplica el principio de subsidiariedad. Ante tanta inequidad, el principio del bien común implica el destino común de los bienes, tan presente en la Doctrina Social de la Iglesia. La tierra debe estar en manos de aquellos que la trabajan y la han de Bananos, mangos,…-R. Dominicana dejar en herencia a los que vendrán. Está en juego nuestra dignidad. La herencia no puede estar constituida por escombros, desiertos y suciedad. El planeta no puede asumir más desperdicios causado por el consumo extremo. Hay que poner remedio ahora. Hay que pensar en los pobres del futuro y en los pobres actuales.

La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, pueblo que habita la casa de todos, nos obliga a pensar en un proyecto común. Es imprescindible un consenso mundial para programar una agricultura sostenible y diversificada, para desarrollar formas renovables de energía, para fomentar mayor eficiencia energética, para promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos y para asegurar a todos el acceso al agua potable. Pero tanto la política como la empresa reaccionan lentamente. Las cumbres de la tierra no han conseguido ver cumplidos sus propósitos. Países con escasos recursos ya se están viendo afectados por los incumplimientos de las conferencias mundiales. Los países del Sur deben priorizar el desarrollo social de sus habitantes y analizar el escandaloso consumismo de sectores privilegiados de su población, deben contaminar menos, con ayudas del exterior, y tener acceso a transferencia de tecnología y transferencia de recursos financieros. Para abordar los problemas y dar soluciones convincentes es imprescindible una gobernanza mundial. Es una idea que los Papas, desde Juan XXIII, vienen repitiendo.

La encíclica pone de relieve la importancia de las cooperativas ya sean para producir alimentos o proporcionar energía, mucho más ágiles que los organismos mundiales. La población debe ejercer presión sobre los políticos para que actúen en beneficio del planeta y se dejen de inútiles promesas. Las discusiones deben tener como protagonistas los habitantes locales, ya que sus fines trascienden el interés económico inmediato.

La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Política y economía deben estar al servicio de la vida humana, ante el dominio absoluto de las finanzas. La biodiversidad no puede ser vista como un depósito de recursos. Hay que repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo. La protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costos y beneficios. Desacelerar el ritmo de producción y consumo puede dar lugar a otro modo de progreso y desarrollo. En algunos lugares del mundo es imprescindible cierto decrecimiento para permitir crecer a los que no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana.

El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Hace creer a los consumidores que comprar les hace libres, libertad que sólo afecta a los que tienen medios económicos, suponiendo que eso sea libertad. Los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden regenerarse iniciando caminos de verdadera libertad. El consumidor debe ser selectivo y castigar a las empresas que dañan el medio ambiente. Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico.

La educación ambiental tiende, ahora, a incluir una crítica de los “mitos” de la modernidad: individualismo, progreso indefinido, competencia, consumismo, mercado sin reglas y tiende, también, a recuperar los distintos niveles del equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios. La educación ha de motivar pequeñas acciones cotidianas como cocinar. Imagensólo lo que se va a comer, evitar plásticos, reducir consumo de agua, tratar con cuidado a los seres vivos, utilizar transporte público, plantar árboles, apagar luces innecesarias… Esa educación surge espontáneamente en la familia, el cuidado de la vida contra la cultura de la muerte. Educar en la contemplación de lo bello, para que después no sea destruido.


Nueva Zelanda, ejemplo de paisaje no degradado

Es necesaria una conversión íntegra de la persona. Implica la conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con todos los seres del universo una preciosa comunión universal. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco, valorando lo pequeño. La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora. El deseo de dominio y la falta de humildad lleva a dañar la sociedad y el medio ambiente. Hay que volver a sentir que nos necesitamos unos a otros.

La Eucaristía es un acto de amor cósmico. Une el cielo y la tierra y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a Él en feliz y plena adoración.
Se cierra la encíclica con una oración de la que podemos destacar:

“…Dios de los pobres, / ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra / que tanto valen a tus ojos. / Sana nuestras vidas, / para que seamos protectores del mundo / y no depredadores, / para que sembremos hermosura / y no contaminación y destrucción. / Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios / a costa de los pobres y de la tierra / Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, / a contemplar admirados, / a reconocer que estamos profundamente unidos / con todas las criaturas / en nuestro camino hacia tu luz infinita. / … / Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha / por la justicia, el amor y la paz./ …/ Ilumina a los dueños del poder y del dinero / para que se guarden del pecado de la indiferencia, / amen el bien común, promuevan a los débiles, / y cuiden este mundo que habitamos. / … / Alabado seas. Amén. “

Para finalizar, algunas frases especialmente significativas de Laudato si:

“La tierra es la casa común”
“El gemido de la tierra se une al gemido de los abandonados del mundo”
“La cultura del descarte… que causa basura y contaminación”
“El interés económico prevalece sobre el bien común”
“No podemos dejar a las próximas generaciones escombros, desierto y suciedad”
“Todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una familia universal”
“Hay que incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original... las culturas locales”
“Ante la inequidad el principio del bien común”



Así damos fin a esta síntesis de la encíclica que toca gran parte de los problemas del mundo. Le debemos al Obispo de Roma enorme gratitud por haber sistematizado los males que padece el planeta, analizado cuáles son las causas, determinado quiénes pagan las consecuencias y qué tenemos que hacer para solucionar el problema. Laudato si, Francisco.
 

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Joaquim Alsina: Barcelona, España. Licenciado en Geografía e historia y en Teología. Profesor de bachillerato. Voluntario y miembro de la Permanente FISC-Catalunya y de Oxfam Intermón. Colabora en estas entidades preparando formaciones y escribiendo artículos sobre temas varios. Experiencias de cooperación en Bolívia, Ecuador y Paraguay. Participa en el Seminario de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Teología de Catalunya.

 

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